Los niños, los grandes damnificados

Francisco Gil Hellín (Arzobispo de Burgos)

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Todos tenemos limitaciones, defectos y pecados. Esto lo saben bien las personas con las que convivimos. Especialmente, aquellas con las que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo. Esto explica que quien mejor conoce las limitaciones y defectos del marido sea su mujer y viceversa y que los hijos, incluso cuando son pequeños, sean los testigos más cualificados.

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Evangelio del Domingo, 19 de Julio de 2015

El evangelio de hoy tiene una especial importancia y actualidad. Porque trata de las primeras vacaciones cristianas de las que tenemos constancia. Jesús había enviado a sus apóstoles a predicar y sanar enfermos. A la vuelta, se da cuenta de que han trabajado en serio y que están muy cansados. Y en lugar de enviarles a una nueva actividad, les invita a hacer lo que hacía Él: retirarse a un lugar tranquilo y reponer fuerzas.

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Tierra, techo, trabajo

Francisco Gil Hellín (Arzobispo de Burgos)

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El pasado 12 de julio, el Papa concluyó su maratoniano viaje apostólico a Ecuador, Bolivia y Paraguay. Se ha notado que estaba en una tierra que conoce bien. Porque ha hablado su mismo lenguaje y de sus mismos problemas. Lo ha hecho en todas partes. Pero con inusitada fuerza y contundencia en el Discurso a los Movimientos Populares en Santa Cruz. Tenía delante, ciertamente, un país concreto. Pero sus palabras valen para el mundo entero. Porque -como el mismo Pontífice ha recordado- los problemas son hoy mundiales y las respuestas no pueden venir sólo de un determinado país. Todos estamos implicados en la marcha de todos.

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La caja fuerte

0004Había una vez un hombre sabio, gran matemático, al que en cierta ocasión un hombre muy rico y muy avaro le pagó un gran tesoro por encontrar la forma de obtener el máximo beneficio en todo lo que hiciera, pues su gran sueño era llenar de oro y joyas una inmensa caja fuerte que había fabricando él mismo.

El matemático estuvo encerrado durante meses en su laboratorio; cuando pensaba que había encontrado la solución, descubría errores en sus cálculos... y vuelta a empezar. Una noche apareció en casa del hombre rico con una gran sonrisa en la cara: "¡lo encontré!", le dijo, "mis cálculos son perfectos". El avaro, que al día siguiente partía para un largo viaje y no tenía tiempo de escucharle, le prometió el doble del oro si se quedaba a cargo de sus bienes poniendo en práctica sus fórmulas. El matemático, entusiasmado por su descubrimiento, aceptó encantado.

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Las olas de la vida

0003Una vez, un niño se hizo un barquito de madera y salió a probarlo en el lago. Sin darse cuenta, el botecito impulsado por un ligero viento fue más allá de su alcance.
Apenado, corrió a pedir ayuda a un muchacho mayor que se hallaba cerca, para que lo ayudara en su apuro. Sin decir nada el muchacho empezó a juntar piedras y a arrojarlas... al parecer en contra del barquito.

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Parroquia Sagrada Familia