La fiesta de los 15 años de la abuela

Al día siguiente de decidir dónde haría la fiesta de los 15 años, Antonia fue a la casa de la abuela a almorzar. Tenía muchas ganas de contarle cómo estaban organizando la fiesta y de preguntarle cómo había celebrado ella sus 15. La abuela la esperaba con su comida preferida: patatas fritas con huevo frito y pan tostado, calentito con aceite de oliva y rodajitas de salamín. No era una comida muy sana, pero la abuela se había criado con esa comida y gozaba de muy buena salud. —No es para comer todos los días —decía la abuela—, pero, de vez en cuando y con muy buena compañía y buena charla, la comida siempre cae bien.

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40 años de la Constitución

Fidel Herráez Vegas (Arzobispo de Burgos)

gil hellin

El pasado 6 de diciembre celebrábamos el cuarenta aniversario de nuestra Constitución. Permitidme que hoy comparta con vosotros algunas reflexiones, al hilo de este tema. Porque la Iglesia, como dice el Concilio Vaticano II, «se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia» y «nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón» (GS 1). La Constitución ha sido un hito importante en nuestra historia reciente, fruto del consenso y de la generosidad de todos, donde confluyeron diferentes y legítimas sensibilidades, y que nos ha permitido convivir y superar pacíficamente los lógicos conflictos de la convivencia. Como dijimos los Obispos españoles, la Constitución de 1978 «ha propiciado años de estabilidad y prosperidad, con las excepciones de las tensiones normales de una democracia moderna» y solo fue posible «sobre el trasfondo espiritual de la reconciliación, basada en el consenso de todas las fuerzas políticas». En una nueva sociedad española, caracterizada por ser democrática, pluralista y laica, la Constitución sirvió para sellar la necesaria reconciliación de los españoles y sigue siendo un punto de convergencia válido para nuestro próximo futuro.

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Evangelio del domingo, 9 de diciembre de 2018

En esta segunda semana de Adviento tenemos que estar abiertos a la esperanza, al cambio, a vivir anunciando la Buena Nueva, aunque en algunos momentos nos sintamos desfallecer. Preparémonos en estos días, como si fuese la primera y última, para recibir el gran regalo que nos trae la Navidad. Vivamos intensamente la celebración de la Eucaristía porque es el encuentro fraternal entre el Padre y sus hijos.

Caminemos unidos. Salgamos juntos al encuentro de Dios que se hace niño para compartirse, darse, entregarse y regalarnos la salvación; salvación que viene para todos, sin discriminación de razas o culturas, de edades, sin distinción de adhesiones políticas o religiosas. Dios está por encima de todos los condicionamientos, Dios no tiene fronteras.

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Evangelio del domingo, 8 de diciembre de 2018 Fiesta de la Inmaculada

Hoy nos alegramos con toda la Iglesia por ser una fiesta muy especial de nuestra Madre, la Stma. Virgen María. Entre tantas fiestas en honor de la Madre de Dios, hay dos más especiales para toda la Iglesia: el comienzo de la vida de María, como Inmaculada o llena de gracia, y el final, que fue su Asunción en cuerpo y alma al cielo.

Nos alegramos cuando tenemos algo bueno; pero nada mejor podemos tener que la vida de gracia en nuestra alma, que es lo que nos dará la plena felicidad para siempre. Por eso hoy celebramos el hecho de que la Virgen María estuvo llena de gracia, limpia de todo pecado desde el primer instante de su concepción. La concepción es el momento en que Dios crea el alma uniéndola a la materia, que proviene de los padres: es el momento en que comienza la vida humana.

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Primero, buscar el lugar

La familia vivía en un barrio sencillo. Habían construido su casa poco a poco, con la ayuda de amigos y familiares que, los domingos o después de trabajar, iban a levantar alguna pared poner baldosas o pintar. Hasta los más pequeños, como un juego, cuando tenían ganas, colaboraban pintando una puerta. El jardín lo había montado la abuela, y contaba con las flores más bonitas del barrio. Todavía faltaban algunos detalles, como el interior de las habitaciones o la pintura del exterior, pero sólo eran “detalles”, como decía la madre. Siempre había algo más importante que hacer: comprar los libros para la escuela, los gastos fijos... Y, ese año, cumplía 15 años Antonia, la mayor de las hijas. ¡Había que hacer fiesta! Antonia estaba entusiasmada. Varias de sus compañeras ya habían cumplido los 15 y las fiestas habían sido increíbles. No lograba imaginarse a ella misma con un vestido largo, entrando en el salón del brazo de su padre y todos aplaudiendo. Pero sí quería celebrar su cumpleaños de una forma diferente. Cumplía años en noviembre, así que tenían todo el año para prepararlo. Lo primero era poner una fecha y buscar un salón. Un sábado, por la mañana, salió con su madre a recorrer por el barrio, todos los lugares donde ya había ido a alguna fiesta. En todos lados, las recibían muy bien y le ofrecían muchas cosas, desde la comida, el arreglo del salón, la música... Ofrecían una organización total, no debían preocuparse por nada. Tampoco podían decidir mucho, ya estaba todo pensado. Durante el almuerzo, las dos comentaron lo que habían averiguado con mucho entusiasmo. Una vez que terminaron, levantaron la mesa y los adultos fueron a lavar los platos.

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Parroquia Sagrada Familia