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«La Iglesia en la educación»

Mario Iceta Gavicagogeascoa (Arzobispo de Burgos)

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Queridos hermanos y hermanas:

El Concilio Vaticano II «considera atentamente la importancia decisiva de la educación en la vida de la persona y su influjo cada vez mayor en el progreso social contemporáneo» (Declaración Gravissimum educationis sobre la educación cristiana).

La labor educativa de la Iglesia a través de múltiples instituciones ha sido inmensa a lo largo de los siglos. Nuestra Iglesia burgalesa ha contribuido notablemente a esta tarea a través de colegios diocesanos, de entidades religiosas dedicadas a la educación y de iniciativas sociales católicas, dirigida de modo particular a las personas y familias más desfavorecidas, con un profundo y amplio compromiso social. Cómo no recordar al sacerdote natural de Sargentes de Lora, don Andrés Manjón, pionero en la educación y gran promotor de esta tarea más allá de nuestras fronteras, cuyo centenario de fallecimiento acabamos de celebrar.

Precisamente el pasado diecisiete de febrero celebramos en el Forum de la Evolución en Burgos el primer encuentro de los cinco colegios diocesanos, junto con el del Círculo Católico, que forman parte de la Fundación Manjón y Palencia. Allí testimoniamos el compromiso de caminar juntos y ayudarnos en la búsqueda de la excelencia sobre el surco de la mejor tradición y cultura educativa de la Iglesia.

Con el objetivo primordial de renovar la presencia y el compromiso de la Iglesia con la educación, se ha celebrado en Madrid el congreso ‘La Iglesia en la Educación. Presencia y Compromiso’. Ayer asistimos a la sesión final de este evento que ha reunido a una gran cantidad de personas de diferentes delegaciones diocesanas de educación y de instituciones educativas implicadas activamente en esta iniciativa que desea, sobre todo, promover la presencia de la Iglesia en los distintos ámbitos educativos.

Desde la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura se ha percibido la urgencia de que la Iglesia «continúe haciendo su aportación específica». Para ello, propusieron abrir un «proceso de encuentro y participación» que tuviese en cuenta todos los ámbitos en los que estamos presentes: colegios de ideario cristiano, profesorado de religión católica, profesorado cristiano, centros de educación especial, centros de formación profesional, universidades católicas y escuelas de magisterio, colegios mayores y residencias universitarias, educación no formal y su relación con la parroquia, la familia y la escuela.

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Evangelio del domingo, 25 de febrero de 2024

Es el cumplimiento de la revelación; por esto a su lado aparecen transfigurados Moisés y Elías, que representan la Ley de los profetas, significando que todo termina y comienza en Jesús, en su pasión y su gloria.

La voz de orden para los discípulos y para nosotros es esta: 'Escuchadlo'. Escuchen a Jesús. Es él el Salvador: seguidlo. Escuchar a Cristo, de hecho comporta asumir la lógica de su ministerio pascual, ponerse en camino con él, para hacer de la propia existencia un don de amor a los otros, en dócil obediencia con la voluntad de Dios, con una actitud de separación de las cosas mundanas y de libertad interior. Es necesario, en otras palabras, estar prontos a 'perder la propia vida', donándola para que todos los hombres sean salvados, y para que nos reencontremos en la felicidad eterna.

El camino de Jesús siempre nos lleva a la felicidad. No nos olvidemos: el camino de Jesús siempre nos lleva a la felicidad, habrá en medio una cruz o las pruebas, pero al final nos lleva siempre a la felicidad. Jesús no nos engaña. Nos prometió la felicidad y nos la dará si seguimos su camino. 

(S.S. Francisco, Ángelus 1 de marzo de 2015).

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«Cuaresma: el camino de vuelta a casa»

Mario Iceta Gavicagogeascoa (Arzobispo de Burgos)

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Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es volver a descubrir que «estamos hechos para el fuego que siempre arde, para Dios, para la eternidad del Cielo, no para el mundo». El Papa Francisco, desde esta mirada compasiva que pronunció un día como hoy hace cinco años, nos invita a reflexionar sobre todas las sendas que recorremos a diario en nuestra vida para encontrar el camino de vuelta a casa y nos recuerda que hoy es el momento de regresar a Dios.

Adentrados en este tiempo de espera, penitencia y perdón, el Espíritu vuelve a soplar su aliento sobre el barro de nuestras vidas para adentrarse en esos rincones donde más nos cuesta estar.

Con el Miércoles de Ceniza comienzan cuarenta días de limosna, oración y ayuno, como sendero de preparación para la Semana Santa. Un nuevo comienzo que nos llevará a un destino seguro: la Resurrección de Cristo, su indudable promesa y nuestra eterna victoria.

No es un tiempo para las renuncias sin sentido, sino para descender hasta las profundidades de nuestro interior, recorrer cada una de sus espinas, acogerlas y amarlas como Dios las ama. Solo así, podremos volver al Padre, salir a recorrer sus caminos y allanar sus sendas con la entrega generosa hacia quienes más nos necesitan.

La ceniza sobre nuestra cabeza simboliza el camino para volver al Señor, pero no de cualquier manera, porque Dios infunde su espíritu de vida sobre ese polvo enamorado que nos habita para hacernos libres, resucitados y alegres.

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Evangelio del domingo, 18 de febrero de 2024

Todos hemos sentido, en algún momento de nuestra vida, diversas mociones, luces, inclinaciones o inspiraciones. Muchas de ellas nos inclinan a actuar, a seguir adelante, a poder decidir qué es lo mejor para nuestra vida, de cara a un Dios que no es ajeno a lo que hagamos. Muchos hemos sentido como nuestra alma, nos pide momentos de silencio, momentos de soledad. En otras ocasiones, se siento el gozo, la alegría y, por ende, quiere que estemos en compañía, sea de Dios, o de aquellas personas que nos rodean, sean familiares, amigos o conocidos.

Es claro que, en algunas ocasiones, ante dichas luces, inclinaciones o inspiraciones, nuestra vida nos puede parecer como una veleta, la cual gira entre los vientos que vienen de un lado a otro, de un momento determinado o cuando menos lo esperamos; muchas veces planeamos una cosa y al final se hace otra.

Si utilizamos nuestra mirada sobrenatural, es decir, el ver con los ojos de la fe, nos daremos cuenta de que esos vientos de diversas situaciones, acontecimientos, que mueven nuestra vida, sean negativos o positivos, encubren la presencia de Dios, quien muchas veces nos quiere decir algo; es más, es una manifestación palpable de que el Espíritu Santo está trabajando como un guía predilecto en nuestra vida.

Fruto de ello lo podemos ver reflejado en el Evangelio, en donde el Espíritu Santo, empujó a Jesús al desierto, teniendo que pasar por la difícil experiencia de ser tentado por el demonio. Es necesario hacer la experiencia del silencio, de la soledad, o de la prueba en el desierto, para poder estar atentos a la escucha del Espíritu Santo. Cada momento, cada situación, sea difícil, o sea fácil, contribuye para el bien de aquellos que aman a Dios. (Rom 8:28) Pues Dios nos dispone de ellas, para que aprendamos y crezcamos en esta vida.

«Si tuviéramos la Palabra de Dios siempre en el corazón, ninguna tentación podría alejarnos de Dios y ningún obstáculo podría hacer que nos desviáramos del camino del bien; sabríamos vencer las sugestiones diarias del mal que está en nosotros y fuera de nosotros; nos encontraríamos más capaces de vivir una vida resucitada según el Espíritu, acogiendo y amando a nuestros hermanos, especialmente a los más débiles y necesitados, y también a nuestros enemigos».

(Homilía de S.S. Francisco, 5 de marzo de 2017).

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Cuaresma, una invitación a detenernos

Una invitación para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado. Para que nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la realidad.
Una propuesta para alcanzar la conversión del corazón a través de la oración, la limosna y el ayuno.
Un momento de preparase para renovar las promesas del bautismo, tomando conciencia de que ser bautizados implica llevar el nombre de “cristianos”.
Una ocasión para escuchar la Palabra de Dios.
Una ocasión para pararnos ante el hermano herido.
Una oportunidad para reconciliarse con Dios, con uno mismo y con los hermanos.
"Es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano, ante el hermano herido" (papa Francisco)
En este tiempo de conversión, el papa Francisco, en su Mensaje para la Cuaresma, nos exhorta a mirar a Dios y a los hermanos. "Para que nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la realidad".
El Santo Padre recuerda que "también hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas oprimidos. Preguntémonos: ¿nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude? ¿Nos conmueve? Muchos factores nos alejan los unos de los otros, negando la fraternidad que nos une desde el origen".
Es tiempo de conversión, es tiempo de libertad.
Parroquia Sagrada Familia