Día de Reyes: Somos regalo de Dios y regalo para los demás

Fidel Herráez Vegas (Arzobispo de Burgos)

gil hellin

Mañana celebramos una fiesta muy importante en el calendario cristiano: la fiesta de la Epifanía. Esta palabra, que procede del griego, significa «manifestación» y quiere expresar la manifestación de Jesús al mundo entero. De esta manera, se inician una serie de manifestaciones del Señor que iremos celebrando sucesivamente en la liturgia y que nos van revelando o desvelando aspectos importantes del misterio de Jesús: el 6 de enero es la manifestación de Jesús al mundo pagano, a todas las gentes representadas por los Magos, porque todo pueblo, lengua y nación, es acogido y amado por Él; el próximo domingo, con la fiesta del Bautismo de Jesús, visibilizamos la revelación de Jesús al pueblo judío; y el domingo siguiente, recordaremos la manifestación de Jesús a sus discípulos en las bodas de Caná.

La fiesta de Epifanía nos ayuda a penetrar en el misterio de la catolicidad: Jesús ha venido para ofrecernos su propuesta de salvación y de vida plena a todos los seres humanos, de cualquier raza y condición, de cualquier clase social, edad o cultura. Se trata, pues, de una fiesta que nos sitúa ante aspectos importantes para nuestra vida cristiana y nuestra condición eclesial como son la universalidad, la urgencia de la misión, la apertura y el diálogo con el mundo. En aquellos Magos que adoraron al Niño descubrimos la condición de la fe que siempre es búsqueda, contemplación y misión.

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Evangelio del domingo, 5 de enero de 2020

 

Recuerdo que, cuando visité Tierra Santa, sufrí un impacto indescriptible al leer en el frontis del altar de la Basílica de la Anunciación unas palabras que conocía muy bien y que había rezado muchas veces, pero que allí tenían una resonancia especial: “Hic, Verbum caro factum est”: “Aquí, el Verbo se hizo carne”. Comprendí entonces que no era la muerte y resurrección de Jesucristo el mayor acontecimiento de la historia sino lo que había ocurrido en aquel rincón de Nazaret. Ciertamente, si Cristo no ha muerto y resucitado por nosotros, vana es nuestra fe. Pero ¿hubiera podido morir y resucitar sin hacerse previamente hombre? Por eso, el gran acontecimiento de todos los siglos ha sido la Encarnación.

A partir de ahí todo es explicable. Lo inimaginable, lo impensable es que Dios no sólo plantase su tienda entre nosotros sino que se hiciese Carne. Es decir, ser uno de los nuestros y, por tanto, sujeto a todas nuestras debilidades y carencias: pasar hambre y frío, sentir cansancio y sed, acusar el golpe de los desprecios y menosprecios, tener miedo y pavor, sufrir y morir. Quizás alguna vez te hayas preguntado, por qué Dios hizo esto, por qué quiso ser igual a nosotros en todo menos en el pecado. La primera respuesta es sencilla: lo hizo, “porque quiso”. Pero la segunda ya no admite respuesta: “Y ¿por qué quiso? Podríamos decir que “porque nos amaba”. Pero esa no es la respuesta definitiva, pues persiste la pregunta anterior, aunque formulada de otro modo: “Y, ¿por qué nos amaba?” De todos modos, lo fundamental sí queda respondido: Dios se hizo hombre, sin dejar de ser Dios, porque nos amaba hasta la locura. Sólo así es posible atisbar cómo pudo querernos, sabiendo de antemano nuestra respuesta mezquina: la indiferencia cuando no el rechazo. Porque es muy triste que vinera a los suyos y los suyos no le recibieran. ¿Tú le has recibido, le has acogido, le has dado el lugar que le corresponde en tu trabajo, en tus relaciones familiares, en tu trato con los compañeros de oficina o de taller?

Atrévete a preguntarte hoy: ¿qué pasaría en mi corazón, en mi cabeza, en vida si Cristo ocupase en ellos el centro?

 

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Adoración ante el Santísimo el día 5 enero

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Evangelio del miércoles, 1 de enero de 2020

 

Feliz Año Nuevo de la Mano de la Sma. Virgen María, Madre de Dios y de la humanidad. La solemnidad que celebramos hoy lleva por título Santa María, Madre de Dios.

 

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Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

La paz como camino

Fidel Herráez Vegas (Arzobispo de Burgos)

gil hellin

En el calendario del tiempo, vamos a pasar la última hoja del año y estamos acariciando ya el año nuevo que se abre ante nosotros. Son estos unos días muy significativos por lo que suponen de balance de lo vivido durante 2019 y de abrirnos a la esperanza ante el 2020. Sin duda, acuden a nuestra mente muchos recuerdos, de lo vivido y experimentado durante los 365 días pasados, que ciertamente han supuesto, tanto en lo gratificante como en lo dificultoso, una experiencia rica de crecimiento y desarrollo personal y social. Por todo ello, os invito a dar gracias a Dios del que procede todo bien y que guía y acompaña nuestra historia. No son pocas las parroquias que, el último día del año, hacen una celebración especial para dar gracias a Dios y abrir en su presencia la página del año nuevo con alegría y confianza filial.

Ante este año que estrenamos, permitidme que sea el primero en desearos mi más cordial felicitación. Desear un feliz año es, en cierta manera, desarrollar y profundizar en esa vinculación que todos tenemos entre todos, como miembros que somos de una misma familia humana, que en los creyentes se refuerza por los lazos del Bautismo. Por eso, la felicitación del nuevo año para nosotros se convierte en el deseo de que la bendición de Dios nos acompañe a lo largo del mismo.

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¡FELIZ NAVIDAD 2019 - 2020!

Hoy no hay cuevas, grutas o establos para nacer Jesús, salvo las que sirven de decoración en nuestros belenes o misterios. Pero la situación de María y José sigue siendo la misma: Es Navidad.

Este año nos piden hogar y casa, acogida y corazón. Un momento de recuerdo o dos, una mirada al misterio encarnado en nuestro entorno necesitado, de muchas cosas y no sólo materiales, son el otro Belén de estos días.

Dice una canción: Entra, la puerta está abierta, aunque no soy digno te quisiera hablar. Entra, la puerta está abierta, quiero que conmigo vengas a cenar. Entra oh Cristo Jesús en mi corazón, quiero que inundes todo con tu presencia... Además, Jesús dice en el Evangelio que hay que nacer de nuevo, del agua y del Espíritu.

Este año, Jesús nace en ti y tú naces de nuevo en el corazón de Dios, por eso Feliz Navidad por los dos nacimientos. ¡FELIZ NAVIDAD!

Parroquia Sagrada Familia