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Evangelio del domingo, 26 de julio de 2020

El centro o tema principal de toda la predicación de Jesús es el “Reino de Dios”, que es del otro mundo, pero ya comienza aquí y está entre nosotros. Es el proyecto salvífico de Dios para con nosotros. Jesús tendrá que corregir ideas materialistas sobre ese Reino, pues para muchos era una restauración de la monarquía de David o una revancha de estilo nacionalista. Tampoco es lo mismo que la Iglesia, aunque la Iglesia es el terreno privilegiado donde el Reino se va edificando y es “el germen y principio del Reino”. Pero éste está por encima de toda realización concreta y aun religiosa.

Hoy en el evangelio consideramos algunas características del “Reino de Dios”, que Jesús nos describe por medio de parábolas. Las dos primeras, la del tesoro y la perla, vienen a decir lo mismo: El Reino de los cielos es algo muy precioso, que suele estar escondido para la mayoría de la gente; pero que si se le encuentra y se le consigue, es de tanto valor que nos llena el alma y nos da la mayor felicidad.

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Un curso pastoral distinto y un verano especial

Fidel Herráez Vegas (Arzobispo de Burgos)

gil hellin

Para iniciar la reflexión de hoy, quiero tomar unas palabras de San Pablo en la 2ª Lectura de este último domingo del mes de julio: «Hermanos: sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien» (Rm 8,28). Todo. El doloroso pasado reciente, el presente frágil todavía, el futuro inseguro… Todo. También el descanso estival que ahora nos llega, las pequeñas alegrías, las esperanzas que nos animan, la vida que se nos sigue regalando cada día con todas sus posibilidades… Todo en los planes de Dios sirve y servirá para nuestro bien. Es su Palabra. Y se cumple. Vamos a acogerla hoy y a guardarla en el corazón, para que ilumine y sostenga ahora y en todo momento nuestra vida.

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Pedidos a Dios

—Mi historia favorita es la de Aladino, si me encontrara una lámpara le pediría…
Esta era la conversación preferida de Carla cuando iba en el coche, caminando por la calle o durante las comidas. Tenía una imaginación asombrosa y cada vez se le ocurrían deseos diferentes.
—¿Qué le pedirías a Dios? —le preguntó una vez su madre. —Seguro que no sería lo mismo .
Carla se quedó pensando. Siempre se imaginaba pidiéndole a la lámpara cosas materiales. No sabía bien por qué, pero a Dios no le pediría un palacio, un coche de carreras o una raqueta de tenis.
—Le pediría tener visión nocturna. Porque de noche tengo miedo. Las leonas ven bien de noche y cazan en la oscuridad.
—¡Pero aquí no hay leones!— le dijo su madre.
—Bueno, para ver a los monstruos. Esos de ojos inyectados en sangre que te chupan la sangre.
—Esos monstruos dentro de los armarios o debajo de la cama existen solo en los libros. La noche siempre asustó a las personas. Desde que vivían en cavernas y se escondían sin alguna defensa de los animales que salían a cazar. También muchas historias y cuentos hablan de la oscuridad como algo malo. Pero no siempre es así.
En el desierto, por ejemplo, donde el sol hace que, durante el día, las temperaturas son altísimas, la noche es el momento de más vida. Las flores de los cactus se abren
y los animales salen de sus cuevas — le explicó su madre.
—¡Ah! Tienes razón—dijo Carla.
—¿De todas formas pedirías visión nocturna?
—Quiero que me haga valiente —dijo después de pensarlo un rato.
—Ya eres valiente.
—Yo no soy valiente porque tengo miedo.
—Eres valiente porque no pediste que matara a los leones o a los monstruos. Pediste
visión para enfrentarlos. El miedo, cuando no nos paraliza, nos ayuda a defendernos,
a sobrevivir. —le dijo la madre mientras la abrazaba.
—Entonces… pido ser más valiente.
Y, esa noche, Carla se durmió tranquila… con la luz encendida.
¿Qué le pediríamos a Dios? ¿A qué le tenemos miedo? ¿A quién le pedimos ayuda?
Qué contestaríamos a Dios si nos preguntara: ¿Qué deseamos? Se me ocurren varias cuestiones, sin embargo, la respuesta de Salomón sigue siendo una excelente opción: "un corazón capaz de diferenciar el bien del mal y de juzgar con comprensión". ¡Cuántas peleas evitaríamos! ¡Cuántos momentos de paz y justicia hubiéramos construido!

Parroquia Sagrada Familia