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El Domingo de la Palabra de Dios: la Asamblea Diocesana a la Escucha de la Palabra

Fidel Herráez Vegas (Arzobispo de Burgos)

gil hellin

Celebramos hoy el «Domingo de la Palabra de Dios», instituido por el Papa Francisco, para que se celebre cada año en la Iglesia Universal, coincidiendo con el III domingo del Tiempo Ordinario. Su objetivo es «hacer crecer en el Pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura». Así lo indicó el Santo Padre con la Carta Apostólica «Aperuit illis», cuyo título se toma del pasaje de San Lucas que narra uno de los últimos gestos de Jesús con los discípulos antes de la Ascensión: «Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras» (Lc 24,45).

«Dedicar concretamente un domingo del Año Litúrgico a la Palabra de Dios, escribe el Papa, nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado, que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable». Y el hecho de que el «Domingo de la Palabra» sea el tercero del Tiempo Ordinario, en torno a la Semana de la Unidad de los Cristianos, no es una mera coincidencia temporal, sino que «expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica, a los que se ponen en actitud de escucha, el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad».

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Evangelio del domingo, 26 de enero de 2020 - Día de la infancia misionera

Escuchar lecturas y homilía (sábado tarde)

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz». El Señor es la luz y el Señor viene a iluminar nuestros corazones, hay que dejarlo entrar. Que Él ilumine toda nuestra realidad. A veces se puede vivir en la oscuridad porque no se quiere aceptar el propio pecado y la propia debilidad; no se quiere ver el camino que está indicando el Señor y se prefiere una vida sin muchas complicaciones. Se prefiere vivir en la oscuridad que salir de ella.

«El pueblo que caminaba...» vivía en una actitud cómoda y no se movían para ir a la luz. Pero con la venida del Señor no podemos permanecer indiferentes. Él nos trae su misericordia y su amor;Él sale a nuestro encuentro y nos abraza, pero no nos puede obligar. Nos pide que demos un paso y Él se encargará del resto; nos pide que queramos y Él se encargará de que podamos.

A veces se puede creer que la conversión es imposible, que aún estamos muy lejos, que el camino es largo y cansado pero, qué vida es fácil.Toda elección comporta una renuncia, o mejor, toda elección comporta un camino. Los discípulos que siguieron a Jesús, antes que renunciar a sus redes, a su pequeño mundo, se encontraron con una vocación más grande y maravillosa.

Lo único que hay que hacer es dejar nuestro pequeño tesoro para alcanzar uno más grande. Sólo hay que dejarse sorprender por el Señor y tirarse en sus manos. « ¡No tengáis miedo! ¡Abrid, y aún de par en par, las puertas a Cristo!» (San Juan Pablo II)

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Parroquia Sagrada Familia