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He venido a traer el fuego

Las maestras hablaban en la sala de maestros acerca de los quintos grados. La maestra de 5º A estaba feliz porque había avanzado muchísimo en los contenidos de las materias e iba cumpliendo lo que habían planificado a principio de año. Sus estudiantes hacían lo que les pedía, eran ordenados; nada más terminar el recreo, estaban en la puerta de la clase, llevaban el material que les solicitaba... La maestra de 5º B, no podía decir lo mismo: llegaba todas las mañanas arregladita, y, al mediodía, ya estaba agotada, despeinada, sin haber parado un minuto. A veces, no tenía tiempo ni de ir al baño. Corría detrás de los niños toda la mañana. En la clase, caminaba de un lado hacia el otro intentando que participaran todos los niños y las niñas y que se escucharan entre sí. Durante el recreo estaba atenta porque, generalmente, discutían por las reglas de los juegos, si hacían trampa, si no dejaban jugar a alguno o a alguna... Cuando tocaba el timbre de finalización del recreo, llamaba a sus estudiantes varias veces para que dejaran de jugar. Siempre eran los últimos en entrar en clase. En la sala de maestras, la de 5º A, estaba feliz, tranquila... la del B, siempre estaba muy cansada, a veces creía que era una mala maestra.

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Evangelio del domingo, 18 de agosto de 2019

Hoy nos habla Jesús con palabras que nos parecen desconcertantes y hasta algo duras. Pero, como en todas las palabras, debemos considerar las circunstancias y el contexto de ellas. Jesús iba camino de Jerusalén, iba a sufrir en la cruz para salvarnos. Él había venido para cambiar el mundo de una manera radical. Para ello debe contar con nuestras voluntades, que muchas veces se muestran muy rebeldes y obcecadas por el pecado. Él siempre ha mostrado con suavidad la gran misericordia de Dios; pero ve que no basta y se necesita una gran pasión, que es el fuego del Espíritu Santo. Sabe que su Pasión puede hacer encender ese fuego en la tierra, y por eso siente deseos de sumergirse en esas aguas terribles de la Pasión. Sabe también que seguir el Evangelio será difícil, porque exigirá una decisión fuerte, de modo que seguirle o no seguirle será causa de que haya división, hasta dentro de las mismas familias.

Por eso grita: “¡Fuego!”. Ya san Juan Bautista había dicho que Jesús bautizaría con Espíritu Santo y fuego. Éste suele significar el ardor y la pasión que se requiere para que la palabra de Dios encienda la tierra o por lo menos algunos corazones. También en Pentecostés el Espíritu Santo vino con fuego a los apóstoles, dándoles la fortaleza necesaria para predicar los mensajes de Jesús. En ese ardor del Espíritu se sienten quienes han sido sumergidos en el Espíritu. Muchos mártires han sentido las ansias del martirio para sumergirse, como Jesucristo, en las aguas salvadoras de su pasión.

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Parroquia Sagrada Familia