• 0080
  • Puedes hacer los donativos a la parroquia desde internet. ¡Pulsa aquí!
  • El último domingo de cada mes, antes de la eucaristía, tenemos adoración por las necesidades de las familias y enfermos y posteriormente, celebramos la misa a las 19:30h. con las mismas intenciones.
Tu ayuda es muy importante. Puedes seguir colaborando con la parroquia realizando tus donativos a través de las siguientes cuentas:
IBERCAJAES82 2085 4859 5403 3062 5897 
CAIXABANK: ES20 2100 2848 4221 0004 0201
También disponemos del sistema BIZUM para hacer transferencias a través del móvil 638 884 314

Encarnemos la Palabra de Dios en nuestra vida

Mario Iceta Gavicagogeascoa (Arzobispo de Burgos)

mario iceta

 

 

 

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy, por tercer año consecutivo, celebramos el Domingo de la Palabra de Dios.

«Tras la conclusión del Jubileo extraordinario de la misericordia, pedí que se pensara en un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios, para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo». Con estas palabras, el Papa Francisco instituyó este día para revivir el gesto del Resucitado «que abre para nosotros el tesoro de su Palabra» con el fin de que que podamos anunciar por todo el mundo esta inagotable riqueza.

La Palabra de Dios es alimento para la vida, no solo porque es luz en nuestro camino, sino también porque en ella inhalamos el aliento del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: que se hacen eco y caricia en nuestro corazón. La Palabra de Dios suscita la unidad, porque nos convierte en un solo pueblo que cree, espera y ama.

La Palabra de Dios es encuentro con la fidelidad del Padre. Es el abrazo de paz que colma nuestra fe de alegría, más aún en medio de la fragilidad, porque «el gozo del Señor es nuestra fuerza» (Ne 8, 8-10) cuando nos dejamos transformar por el sentido de sus palabras.

«¿Quién es capaz, Señor, de penetrar con su mente una sola de tus frases?», se preguntaba san Efrén en sus comentarios a la Sagrada Escritura. Porque, ciertamente, la Palabra atraviesa el alma si abrimos nuestro amor a su presencia. Así, dejándole espacio, reservándole un sitio exclusivo en el banquete de la vida, iremos descubriendo cómo Dios penetra cada rincón de nuestra oscuridad e ilumina nuestra vida con el ardor del Evangelio.

Hace tiempo, escuché al Papa Francisco decir que «la teología se hace de rodillas». Y esta manera de hacerse pequeño ante el Misterio me recuerda la forma en que hemos de acoger la Palabra: como lo hacen esas personas mayores que, estando cerca de la cruz, miran con delicadeza cada detalle del Cristo que posa sobre su cama, como lo hacen esos niños recién nacidos que miran por primera vez los ojos de su madre, como lo hacen esos enfermos que ven la luz del sol después de haber vivido un tiempo de dolor.

Abrirse al despertar de la Providencia y acercarse a la Palabra de Dios supone volver a casa con corazón de discípulo. Aunque a veces no seamos capaces de entender el precio incalculable del amor. «Jamás en cosa que no entendáis de la Escritura, ni de los misterios de nuestra fe, os detengáis más, ni os espantéis» (cf. Conceptos del amor de Dios 1,7), expresaba Santa Teresa de Jesús a sus monjas. Porque la suma de cada palabra de la Biblia revela el proyecto de Dios, la verdad y la razón última de nuestra existencia. La Palabra de Dios es viva y eficaz, «y más cortante que una espada de doble filo», llega a decir san Pablo en su Carta a los Hebreos (Hb 4,12-13).

Nos encomendamos a María de Nazaret, la Madre de la Palabra hecha carne y la Virgen de la escucha, para que Ella nos ayude a ser «dichosos», como quienes escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Fiándonos de Dios, como lo hizo Ella, experimentando cómo el Padre habla en soledad sonora y fecunda, nos convertiremos en fieles apóstoles del Amor. Encarnemos la Palabra de Dios en nuestra vida para que quienes vean nuestros actos, se acerquen al amor de Dios.

Con gran afecto, os deseo un feliz Domingo de la Palabra de Dios.

Evangelio del domingo, 23 de enero de 2022

Hoy el evangelio tiene dos partes muy determinadas. Comienza con el principio del evangelio de san Lucas, pues en este año en los evangelios de los domingos ordinarios leeremos a san Lucas, y continúa con la 1ª predicación de Jesús en Nazaret. El prólogo está muy bien escrito en el sentido literario. San Lucas, que era médico y tenía cierta cultura, hace que sus escritos tengan un estilo más elegante que el de otros escritores del N. Testamento. Acompañaba a san Pablo, que las palabras habladas a veces se desvirtúan y no permanecen como puede ser un escrito. Y se pone a realizar esa labor de una forma ordenada.

Para ello se basa en otros escritos, como sería el evangelio de Marcos y el de Mateo, por lo menos los discursos de Jesús, escritos poco antes. Habría algún otro escrito perdido. Pero sobre todo pregunta a los que vivieron con Jesús “desde los orígenes”. Con esto da a entender que, si no pudo conversar con la misma Virgen María, se informaría bien para poder describir la historia desde antes de nacer Jesús. Lo escribe, como era la costumbre, dedicándolo a una persona. Aquí su amigo Teófilo. 

En la segunda parte del evangelio de hoy se nos propone la primera predicación de Jesús en Nazaret. Ya había enseñado por varias sinagogas y su buena fama corría por toda aquella región. Volvió a su pueblo, no donde había nacido, sino donde había vivido casi toda su vida y donde vivía su madre. Como era sábado, fue a la sinagoga. La costumbre era que además de las oraciones solía haber dos lecturas. La primera era sobre la ley en los primeros libros de la Biblia. El comentario lo hacía un “doctor de la ley”. Después venía otra lectura, que solía ser de los profetas, pero el comentario lo podía hacer cualquier hombre mayor de treinta años. Con más razón si era un visitante y si tenía fama de hablar, como era el caso de Jesús. Había gran expectación.

Continuar leyendo

La solidez de las enseñanzas recibidas

Hoy comenzamos a escuchar la voz de Jesús a través del evangelista que nos acompañará durante todo el tiempo ordinario propio del ciclo “C”: san Lucas. Que «conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido» (Lc 1,4), escribe Lucas a su amigo Teófilo. Si ésta es la finalidad del escrito, hemos de tomar conciencia de la importancia que tiene el hecho de meditar el Evangelio del Señor —palabra viva y, por tanto, siempre nueva— cada día.

Como Palabra de Dios, Jesús hoy nos es presentado como un Maestro, ya que «iba enseñando en sus sinagogas» (Lc 4,15). Comienza como cualquier otro predicador: leyendo un texto de la Escritura, que precisamente ahora se cumple... La palabra del profeta Isaías se está cumpliendo; más aun: toda la palabra, todo el contenido de las Escrituras, todo lo que habían anunciado los profetas se concreta y llega a su cumplimiento en Jesús. No es indiferente creer o no en Jesús, porque es el mismo “Espíritu del Señor” quien lo ha ungido y enviado.

El mensaje que quiere transmitir Dios a la humanidad mediante su Palabra es una buena noticia para los desvalidos, un anuncio de libertad para los cautivos y los oprimidos, una promesa de salvación. Un mensaje que llena de esperanza a toda la humanidad. Nosotros, hijos de Dios en Cristo por el sacramento del bautismo, también hemos recibido esta unción y participamos en su misión: llevar este mensaje de esperanza por toda la humanidad.

Meditando el Evangelio que da solidez a nuestra fe, vemos que Jesús predicaba de manera distinta a los otros maestros: predicaba como quien tiene autoridad (cf. Lc 4,32). Esto es así porque principalmente predicaba con obras, con el ejemplo, dando testimonio, incluso entregando su propia vida. Igual hemos de hacer nosotros, no nos podemos quedar sólo en las palabras: hemos de concretar nuestro amor a Dios y a los hermanos con obras. Nos pueden ayudar las Obras de Misericordia —siete espirituales y siete corporales— que nos propone la Iglesia, que como una madre orienta nuestro camino.

Parroquia Sagrada Familia