Renunciar a uno mismo
Podemos pensar que hay cosas que no cambian, sin embargo, no es así. Todo va cambiando, transformándose. Aunque nos puede parecer extraño, hasta los astros del universo se forman, crecen, mueren... Una tarde, antes del anochecer, las estrellas conversaban entre ellas. Una gigante roja creía que pronto iba a explotar. Durante siglos creció, se enfrió, y consumió el combustible de su interior. Había visto esto antes a lo largo de miles de años en otras estrellas de masa similar a la de ella. Algunas habían crecido hasta estallar y largar materia gaseosa hacia el espacio exterior. Otras, se expandían, pero nunca explotaban y luego se achicaban. Una gigante azul, la miraba y aprendía de su experiencia. La azul era más caliente, parecía más poderosa, pero sabía que también debía dejar que mucha de su materia saliera volando. Una enana blanca que ya había explotado, se estaba achicando con el paso del tiempo. Pero, no todas las enanas blancas terminaban igual; algunas se transformaban en estrellas muy compactas, apretadas. “Casi no nos podemos mover”, decían los neutrones que las formaban.