Quién traicionará

Los chicos y chicas de sexto curso habían ido de campamento. Todo había salido muy bien, hasta la última noche. En medio de la oscuridad, cuando se suponía que todos dormían, se escuchó un grito: "¡Gooool!". EL grito fue tan fuerte que los chicos y los profesores se despertaron. Una profesora, por salir corriendo de la carpa, se tropezó y cayó de cara sobre un tronco, y comenzó a salirle sangre de la nariz. Una chica se despertó de golpe y pisó la mano de su compañera. Uno de los chicos que estaba soñando, comenzó a gritar y no podían calmarlo. En breves instantes el campamento fue un caos. Algunos gritaban, otros lloraban, otros miraban medio dormidos y sin saber qué había pasado. ¿Se viene una tormenta? ¿Hubo un terremoto? —¿Dónde estoy? -preguntó Mariela que era bastante despistada.

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Oración especial para el Domingo de Ramos

Aquí estoy... "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad". En un borriquillo viene, cabalgando victorioso por la verdad y la justicia. Se dirige hacia su Pasión, para llevar a plenitud el misterio de la salvación de los hombres. Humilde y pobre entra en la ciudad; manso y cercano. Él no grita, los que le reciben sí. Salen a su encuentro, lo aclaman como Rey y Mesías; pero lo suyo es el silencio, la sencillez y la entrega. Podemos correr también nosotros, primero a por nuestro ramo de olivo, después para arropar a este modesto Jesús con el más firme y limpio propósito de acompañarle hasta el final, hasta donde Él va a llegar para salvarnos.

Subamos con Él a esa montaña, desnudos como Él, para que pueda lavarnos con su sangre y vestirnos con su gracia. "Bendito el que viene, como rey, en nombre del Señor". Vencedor de la muerte y del mal, condúcenos a los que en ti creemos, esperamos y amamos a tu gloriosa resurrección. Convierte el madero de nuestro dolor en árbol de vida. Porque... no he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor y cantar al triunfador de la muerte.

Misericordiosos

Carlos recibió un balón de fútbol de regalo de cumpleaños. Estaba feliz. El lunes la llevó a la escuela para jugar durante los recreos. Nada más tocar el timbre, salió corriendo hacia el patio con el resto de los chicos de cuarto grado. Cada curso tenía un sector donde jugar. Una vez que llegaron, Carlos quiso poner las reglas y elegir los equipos. Sus compañeros no estuvieron de acuerdo. —Juguemos como siempre -dijeron. —El balón es mío y yo pongo las reglas, sino me lo llevo. Carlos tomó el balón y se fue. Sus compañeros se quedaron parados en el medio del patio conversando acerca de lo que había sucedido, esperando que volviera. Carlos se fue a jugar con los chicos más mayores, quienes lo recibieron felices porque no tenían balón. Todo estuvo genial hasta que el balón fue a parar contra el alambrado y se pinchó. —¿Lo pagamos entre todos? -dijo Carlos -. Así hacemos siempre con mis compañeros. —No, si el balón era tuyo -contestaron-. —¿Alguien tiene un balón para jugar mañana?

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El que esté libre de pecado…

El partido de balonmano era muy difícil. Tenían que jugar de visitantes contra uno de los mejores equipos infantiles. Si no ganaban, descenderían de categoría. La presión era muchísima. La entrenadora les habló en el micro, en el vestuario y en la cancha. Las alentaba, les pedía concentración, no cansarse, pasarse la pelota, marcar como habían practicado... Las chicas estaban dispuestas a ganar, iban a salir con todo a la cancha. Su partido era el primero. A pesar de no ser locales, estaban alentándolas las jugadoras de las otras categorías que jugaban después y los padres. No bien entraron a la cancha, comenzaron a gritar y cantar. Parecía que estaban en su propia cancha y que era la final de un campeonato super importante.

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Vivir en libertad

La familia de Carlos amaba los animales. Eran los rescatadores del barrio. Si encontraban un pájaro herido, lo levantaban, lo curaban, y lo alimentaban hasta que pudiera volar. Si veían algún perro con hambre o enfermo, lo llevaban a su casa y, cuando se reponía, lo daban en adopción. Una noche, mientras regresaban a su casa, vieron tirado a un costado de la calle a un perrito. Pararon inmediatamente, lo envolvieron con una manta y buscaron una veterinaria a donde llevarlo. Alguien lo había atropellado y tenía una patita rota. La veterinaria lo curó, entablilló la patita y les dio las recomendaciones para que lo cuidaran.

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Parroquia Sagrada Familia