El lugar de Jesús

A Tomi, el más pequeño de mis nietos le gustaba quedarse a dormir en casa, especialmente, los viernes, porque Melisa, la abuela, le hacía milanesas con patatas fritas y, por la mañana, como era sábado y no tenía que ir al colegio, le llevaba un rico desayuno a la cama. Chocolate caliente con galletitas para él –si se despertaba después de las ocho, con churros o con facturas que yo iba a comprar a la panadería de mi barrio, que abría algo tarde porque los dueños, los sábados, descansaban una horita más– y té con bizcochitos para ella. Aunque se hubieran terminado las clases, Tomi seguía con esa costumbre. Yo me tomaba un café con leche en la cocina y, desde ahí, los escuchaba hablar y reír. De vez en cuando, Melisa me acercaba un té y me invitaba para que fuera con ellos. Sin embargo, a mí me encantaba escucharlos mientras ordenaba las cosas de magia, algo que hacía todos los sábados a la mañana. Hacía casi treinta años que no me metía de lleno en este arte maravilloso.

Continuar leyendo

Dos regalos

Esta historia ocurrió en una casa donde vivían dos hermanas con su padre y su madre. En una Navidad, cuando eran pequeñas, la menor recibió patines, y la mayor, un libro de tapas duras de los hermanos Grimm. Cada una miraba a su hermana y deseaba el regalo de la otra. Estaban contentas con lo que habían recibido, pero deseaban también el otro regalo. Agradecieron lo recibido, y no manifestaron este pensamiento, que quedó dentro de ellas por muchos años.

Pasó el tiempo, las dos hermanas se fueron a vivir solas, más cerca del trabajo, y llegó el momento en que hubo que desarmar la casa de la infancia. Sus padres estaban mayores, y la casa era muy grande, y estaba lejos de donde vivían las hermanas; por lo que era mejor que se mudaran más cerca, a un lugar más pequeño. Un apartamentito, próximo a una plaza para que no extrañaran tanto el parque y con un balcón donde los padres pudieran llevar algunas de sus plantas favoritas.

Continuar leyendo

Mal olor

En un edificio muy bonito, a pocas manzanas de Rivadavia, una de las avenidas más importantes de la Ciudad de Buenos Aires sucedía algo que preocupaba a todos. Cuando se abría la puerta de la calle, al entrar, el olor era insoportable. El olor era cada vez más profundo, ácido, penetrante. Los habitantes hablaron con el encargado. —No sé qué pasa –dijo–. Siempre saco la basura en el horario. Lo que noto últimamente es que cada vez hay menos bolsas. Era una situación insólita, si había menos basura en las calles, cómo se explicaba el olor. —Llamemos a un fontanero –dijo uno de los propietarios–. Quizás se rompió una de las tuberías de desagüe de los inodoros. El fontanero estuvo buscando, pero no encontró el motivo del olor.

Continuar leyendo

La corona de Jesús

En una capilla hicieron una gran fiesta para entronizar la estatua de Jesús con una corona dorada y con piedras, que no eran preciosas ni muy valiosas, pero lo parecían. La comunidad estaba feliz con la adquisición, y, cuando llegaba algún visitante al pueblo, lo llevaban a mirar la estatua, única en toda la zona. Explicaban que la coronaron en la fiesta de Cristo Rey con el esfuerzo de la comunidad. Sentían que su pueblo y su iglesia eran los más importantes de la región gracias a esa estatua. Un sábado por la mañana, al abrir la iglesia, el cura levantó la vista hacia la fabulosa imagen y, con gran asombro, advirtió que la corona no estaba. No había señales de que la puerta hubiera sido forzada ni ventanas rotas. Inmediatamente llamó a la policía para denunciar el robo, pero los agentes no pudieron más que mirar, recorrer el pueblo y descubrir que todo estaba tranquilo. Esa tarde, cuando el cura fue a revestirse para la Misa, percibió algo que sobresalía debajo de las albas. Movió la ropa y encontró la corona. Corrió hacia la iglesia y, antes de que entrara la gente, la colocó sobre la cabeza de la estatua. ¡Qué alegría para el pueblo verla en su lugar!

Continuar leyendo

Comisiones

En la sala de maestros, se armó un gran revuelo. La directora propuso que 6º B organizara un acto. Para tales ocasiones, la escuela tenía por costumbre escuchar las propuestas de los niños y llevarlas a cabo con el acompañamiento de los maestros. A los estudiantes no les parecía extraño, ya que desde los primeros grados se manejaron así. La mayoría de las maestras no quería que el acto del 9 de julio fuera organizado por ese sexto de tan bajo rendimiento. Sin embargo, la directora encontró la manera de convencerla y la maestra del curso fue a hablar con los niños. —¿Nosotros tenemos que organizar un acto? ¡Si somos el peor curso! —dijo uno de los niños que percibía con gran facilidad lo que los demás sentían. —¿Vieron la murga que hizo 4º B para el día de la Memoria? Fue espectacular –dijo Mariela, que amaba los carnavales y sabía todos los pasos de murga. —¿Y la obra musical de Belgrano de 6º A? No desafinaron ni una vez –agregó Marcos que tenía oído absoluto y era capaz de reconocer cada nota. —¿Y el video que armaron los de 7º para el Día del Trabajador? Era de una calidad increíble— comentó Laura, especialista en filmar todas las fiestas familiares. —Ya sé, montemos comisiones.

Continuar leyendo

© 2014 Parroquia Sagrada Familia de Burgos (España) – Federico Martínez Varea s/n - 09006 Burgos - Diseño y Gestión Web: POI
Parroquia Sagrada Familia