Todos somos necesarios

Si la nota dijese: una nota no hace melodía... no habría sinfonía.
Si la palabra dijese: una palabra no puede hacer una página... no habría libro.
Si la piedra dijese: una piedra no puede levantar una pared... no habría casa.
Si la gota de agua dijese: una gota de agua no puede formar un río... no habría océano.
Si el grano de trigo dijese: un grano no puede sembrar un campo... no habría cosecha.
Si el hombre dijese: un gesto de amor no puede salvar a la humanidad... nunca habría justicia, ni paz, ni dignidad, ni felicidad sobre la tierra de los hombres.
Si María dijese: una mujer pobre y virgen no puede ser madre... no habría salvación.
Como la sinfonía necesita de cada nota, como el libro necesita de cada palabra, como la casa necesita de cada piedra, como el océano necesita de cada gota de agua, como la cosecha necesita de cada grano de trigo... la humanidad entera necesita de ti, allí donde estés, único y por tanto irremplazable.

Jesús, María y el padre protector

En estos días de Navidad, celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, y os invito a pararnos a pensar en esa estampa maravillosa, en ese cuadro idílico de José, María y el niño Jesús. Frente a Dios, María cobra protagonismo en esta familia, Jesús podría haber nacido en cualquier familia, pero ¡no! eligió a María para ser la madre de Jesús, llena de virtudes y valores, de entereza, fe, confianza y esperanza, que sólo busca la voluntad de Dios. Jesús al encarnarse tenía que recorrer el camino humano, sentir en sus carnes el amor de su padre adoptivo, y empaparse de la ternura y cariño de su madre. ¡Qué olvidado tenemos a José! apenas hablamos de él, solo nos acordamos en Navidad, para ponerlo como figurita en nuestro Belén ¿por qué? Es como si no hubiese hecho nada, como si no hubiese influido en Jesús y tan sólo fuera un adorno.

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Madre Verónica Mª - Mensaje de Navidad: Y hoy... ¿dónde está Dios?

Te busco

entre los pinceles de mi adviento
en la línea justa,
de esta imagen que sabe a cada día.

Y en la vida de mis cuadros,
me creo pincel, o a veces lienzo,
bastidor o témpera,
o el agua y la acuarela.

Después de tantos borradores,
ensayos o bocetos
en nada me concreto,
vacío y noche.

Y de nuevo te busco,
como musa del pasado,
como presente
y lo quiero en cada trazo.

Te busco como lienzo,
de mis muertes que te alumbran
de tus colores en mi noche,
de Velázquez y Greco de misterio.

Pero en mi lienzo negro,
de futuros y pandemias,
sin pesebres ni posadas,
el amor ya se dibuja.

El Verbo se hace carne,
el que existía en el principio,
el que sigue guardando silencio,
y sigue siendo vida y esperanza, nuestra, mía y tuya.

Y la palabra, y el verbo
se hace color, y pintura, y lienzo,
se hace boceto, para todos,
en la navidad y en el tiempo.

Y el verbo,
a pincel y bastidor,
en tu lienzo, o en el tuyo y mío…
se hace cuerpo…

Y alma,
y aliento.

Perdón al enemigo

Durante la guerra de la independencia de los Estados Unidos un hombre fue condenado a muerte por alta traición. Un soldado que se había señalado por sus grandes acciones heroicas se acercó a Jorge Washington para suplicarle que perdonara a aquel hombre que estaba condenando a morir.

Washington le contestó de esta manera: Siento mucho no condescender a la súplica que usted me hace por su amigo, pero en estas condiciones no es posible. La traición tiene que ser condenada a muerte.
El suplicante repuso: Pero si es que yo no le suplico por un amigo sino por un enemigo.

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