Obediencia a Dios

Raúl no había escuchado hablar mucho de Dios. Algunos de sus compañeros de la escuela iban a la parroquia para tomar la Primera Comunión y le contaban cosas que aprendían de la catequista. Le decían que había 10 mandamientos para cumplir, pero que, por suerte, se podían resumir en uno. Cuando les contó a sus padres que sus amigos iban a catequesis, le ofrecieron llevarlo. Raúl dijo que no, que no quería más mandamientos, que ya tenía suficiente con la escuela. Sus padres intentaron explicarle que no era así, que era bueno tomar la Comunión, que ellos lo habían hecho... Pero no pudieron convencerlo.

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¡Qué me conviene!

Hay frases que se repiten en las familias. “No se toma vino si se come sandía”, “hay que esperar dos horas después de comer para meterse en la piscina”, “no se levantan las cosas de la calle”... En la familia de Andrés, tenían la costumbre de decirle de quién podía ser amigo o no. “Ese te conviene, esa no”. Algunas veces, tenía sentido, pero otras, era porque las madres no se llevaban bien o los padres se habían peleado. La frase: “No te juntes con...” resonaba permanentemente en Andrés, que fue dejando de lado amigos y compañeros con los que ni siquiera trabajaba durante la hora de clase.

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Pesadilla...

Hay personas que no recuerdan los sueños, hay otras que los pueden contar hasta con colores y olores. Algunas frecuentan pesadillas y despiertan con sensaciones feas. Aunque se pretenda ignorarlo, siempre los sueños hablan de algo que habita en la interioridad: un sentimiento, una idea, una palabra escuchada al azar, un deseo... Paula era muy ordenada, planificaba todas las actividades diarias. Por la noche, antes de dormir, hacía una lista de lo que haría al día siguiente, con horario para cada cosa.

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Entramado

Carlos era un ser libre. Así lo definía su padre. Él le había enseñado a hacer aquello que sentía o hacer lo que tenía ganas. Una vez, quiso ir a jugar paddle, y el padre lo apuntó en un club. Cuando se cansó y le dijo que no quería ir más, no lo llevó más. Lo mismo pasó con el ajedrez, natación, fútbol... Esta forma de ser, le traía algunos conflictos porque sus amigos se enfadaban cuando lo invitaban a algún lado y él no iba porque no tenía ganas, o cuando les decía barbaridades sólo porque era lo que sentía. —Yo sólo obedezco a lo que siento —decía Carlos. Cierta vez, se organizó en la escuela una orquesta. Era una actividad fuera de las actividades para los estudiantes que desearan asistir. No tenían que pagar, y les daban los instrumentos que quisieran.

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Obediencia al líder

Marta, la madre de Tomás y de Lucía, llegaba a la casa un rato después que sus hijos. Ellos salían de la escuela, se preparaban un té con un poco de pan y dulces y se sentaban a ver algo en la tele hasta que llegara su madre. Una tarde, Marta los encontró en la habitación hablando. —¿Qué pasó? ¿Por qué tienen esa expresión tan seria?

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Parroquia Sagrada Familia