En el Evangelio el ciego Bartimeo grita a Jesús para ser sanado, mientras los discípulos le regañan para que no lo haga. Hay cristianos que se ocupan solo de su relación con Jesús, es una relación cerrada, egoísta. Ese grupo de gente, también hoy, no escucha el grito de muchos que necesitan a Jesús. Un grupo de indiferentes: no escuchan, creen que la vida sea su grupito; están contentos; están sordos al clamor de tanta gente que necesita salvación, que necesita la ayuda de Jesús, que necesita de la Iglesia. Esta gente es egoísta, vive para sí misma. Son incapaces de escuchar la voz de Jesús.
También está el grupo de los que escuchan este grito que pide ayuda, pero que lo quieren hacer callar. Como cuando los discípulos alejan a los niños para que no incomoden al Maestro. En este grupo están los empresarios, que están cerca de Jesús, están en el templo, parecen religiosos, pero Jesús les expulsa, porque hacían negocios allí, en la casa de Dios. Son esos que no quieren escuchar el grito de ayuda, sino que prefieren hacer sus negocios y usando al pueblo de Dios, usando a la Iglesia. Estos empresarios alejan a la gente de Jesús.
Son cristianos de nombre, cristianos de salón, cristianos de recepciones, pero su vida interior no es cristiana, es mundana. Uno que se dice cristiano y vive como un mundano, aleja a los que piden ayuda a gritos a Jesús.
Cf Homilía de S.S. Francisco, 28 de mayo de 2015, en Santa Marta.
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El Domund (DOmingo MUNDial de las misiones) es el día internacional en el que toda la Iglesia reza especialmente por la causa misionera, y organiza una colecta para cooperar con ella. Es clave para que la Iglesia pueda seguir con su misión en todo el mundo. El lema de la jornada en este 2024 es "Id e invitad a todos al banquete".
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Mario Iceta Gavicagogeascoa (Arzobispo de Burgos)

Queridos hermanos y hermanas:
Con el lema Id e invitad a todos al banquete (cf. Mt 22,9), hoy celebramos la 98ª Jornada Mundial de las Misiones. Mediante una proposición clara a salir a los cruces de los caminos para invitar a todos a la gran fiesta del Señor, el papa Francisco ha escogido la parábola evangélica del banquete de bodas para conmemorar este Domingo Mundial de las Misiones, el Domund.
La Iglesia «seguirá yendo más allá de toda frontera, seguirá saliendo una y otra vez sin cansarse o desanimarse ante las dificultades y los obstáculos, para cumplir fielmente la misión recibida del Señor», recuerda el Papa en su carta para esta jornada. Y agradece la tarea incansable, valiente y tenaz de quienes, respondiendo a la llamada de Cristo, lo dejan todo «para ir lejos de su patria y llevar la Buena Noticia allí donde la gente todavía no la ha recibido o la ha acogido recientemente».
Como en los albores del cristianismo, todos los bautizados hemos de salir a los caminos, allanar las tristezas y, empapados de compasión y humildad de corazón, proclamar al mundo «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado» (Evangelii gaudium, 36).
El banquete de la Eucaristía es el punto de partida que nos convierte en discípulos misioneros que irradian luz y prenden el mundo de esperanza; porque llevan cada palabra del Evangelio tatuada en sus entrañas, porque invitan a la Cena sagrada de donde brota la vida verdadera (cf. Jn 10, 10).
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¿Quién es el más importante? Jesús es simple en su respuesta: “Quien quiera ser el primero - o sea el más importante - que sea el último de todos y el servidor de todos”. Quien quiera ser grande, que sirva a los demás, no que se sirva de los demás.
Y esta es la gran paradoja de Jesús. Los discípulos discutían quién ocuparía el lugar más importante, quién sería seleccionado como el privilegiado –¡eran los discípulos, los más cercanos a Jesús, y discutían sobre eso!-, quién estaría exceptuado de la ley común, de la norma general, para destacarse en un afán de superioridad sobre los demás. Quién escalaría más pronto para ocupar los cargos que darían ciertas ventajas.
Y Jesús les trastoca su lógica diciéndoles sencillamente que la vida auténtica se vive en el compromiso concreto con el prójimo. Es decir, sirviendo.
La invitación al servicio posee una peculiaridad a la que debemos estar atentos. Servir significa, en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo.
Homilía de S.S. Francisco, 20 de septiembre de 2015.
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