Pesadilla...

Hay personas que no recuerdan los sueños, hay otras que los pueden contar hasta con colores y olores. Algunas frecuentan pesadillas y despiertan con sensaciones feas. Aunque se pretenda ignorarlo, siempre los sueños hablan de algo que habita en la interioridad: un sentimiento, una idea, una palabra escuchada al azar, un deseo... Paula era muy ordenada, planificaba todas las actividades diarias. Por la noche, antes de dormir, hacía una lista de lo que haría al día siguiente, con horario para cada cosa.

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Entramado

Carlos era un ser libre. Así lo definía su padre. Él le había enseñado a hacer aquello que sentía o hacer lo que tenía ganas. Una vez, quiso ir a jugar paddle, y el padre lo apuntó en un club. Cuando se cansó y le dijo que no quería ir más, no lo llevó más. Lo mismo pasó con el ajedrez, natación, fútbol... Esta forma de ser, le traía algunos conflictos porque sus amigos se enfadaban cuando lo invitaban a algún lado y él no iba porque no tenía ganas, o cuando les decía barbaridades sólo porque era lo que sentía. —Yo sólo obedezco a lo que siento —decía Carlos. Cierta vez, se organizó en la escuela una orquesta. Era una actividad fuera de las actividades para los estudiantes que desearan asistir. No tenían que pagar, y les daban los instrumentos que quisieran.

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Obediencia al líder

Marta, la madre de Tomás y de Lucía, llegaba a la casa un rato después que sus hijos. Ellos salían de la escuela, se preparaban un té con un poco de pan y dulces y se sentaban a ver algo en la tele hasta que llegara su madre. Una tarde, Marta los encontró en la habitación hablando. —¿Qué pasó? ¿Por qué tienen esa expresión tan seria?

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Vio y creyó

—Dale, levántate, vístete, mira cómo está el día. Te dije que iba a estar bonito. Ya te preparé la comida, la mochila y el zumo. Apúrate que el autobús sale en unos minutos. La madre de Marta hacía el mayor esfuerzo para convencer a su hija de que fuera al campamento. Marta no disfrutaba de esos viajes. Prefería quedarse en su cuarto, con el ordenador, leyendo, sentada en algún lugar sin hierba, ni barro, ni hormigas.

—Eres un bicho de ciudad -le decían sus padres. —Y sí, nací aquí y pasé toda mi vida en este apartamento. Lo único que conozco de tierra es la maceta del balcón. —Va a ser un día espectacular. El sol brilla con fuerza. Todavía no llegó el frío del invierno. El otoño es hermoso. Las hojas sobre la hierba, de diferentes colores... Ideal para hacer un picnic. Cada palabra que decía su madre llenaba más de temor y de seguridad a Marta. Temor por lo mal que lo iba a pasar y seguridad de que no quería ir. Pero esto último no era discutible. Conocía a su madre y sabía que, cuando se le metía algo en la cabeza, era imposible hacerla cambiar de opinión. La consolaba la idea de que sólo serían unas horas de pasarlo mal.

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Quién traicionará

Los chicos y chicas de sexto curso habían ido de campamento. Todo había salido muy bien, hasta la última noche. En medio de la oscuridad, cuando se suponía que todos dormían, se escuchó un grito: "¡Gooool!". EL grito fue tan fuerte que los chicos y los profesores se despertaron. Una profesora, por salir corriendo de la carpa, se tropezó y cayó de cara sobre un tronco, y comenzó a salirle sangre de la nariz. Una chica se despertó de golpe y pisó la mano de su compañera. Uno de los chicos que estaba soñando, comenzó a gritar y no podían calmarlo. En breves instantes el campamento fue un caos. Algunos gritaban, otros lloraban, otros miraban medio dormidos y sin saber qué había pasado. ¿Se viene una tormenta? ¿Hubo un terremoto? —¿Dónde estoy? -preguntó Mariela que era bastante despistada.

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Parroquia Sagrada Familia