La piedra fundamental

Pato tuvo por mucho tiempo a una gran enemiga que quería hacerle daño. Por mucho tiempo lloró por su presencia, por no permitirle ser cómo los demás esperaban que fuera.

Lloró cuando sus compañeros de escuela y su señorita se burlaron de ella, cuando su propio hermano la humilló y la trató de menos por su culpa, haciendo comentarios horribles. Lloró cuando sus profesores le pedían que se acercara a algún directivo o personal no docente a solicitar algo, y sufría en el camino porque estaba segurísima que aparecería. Y no se equivocaba.

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Pedidos a Dios

—Mi historia favorita es la de Aladino, si me encontrara una lámpara le pediría…
Esta era la conversación preferida de Carla cuando iba en el coche, caminando por la calle o durante las comidas. Tenía una imaginación asombrosa y cada vez se le ocurrían deseos diferentes.
—¿Qué le pedirías a Dios? —le preguntó una vez su madre. —Seguro que no sería lo mismo .
Carla se quedó pensando. Siempre se imaginaba pidiéndole a la lámpara cosas materiales. No sabía bien por qué, pero a Dios no le pediría un palacio, un coche de carreras o una raqueta de tenis.
—Le pediría tener visión nocturna. Porque de noche tengo miedo. Las leonas ven bien de noche y cazan en la oscuridad.
—¡Pero aquí no hay leones!— le dijo su madre.
—Bueno, para ver a los monstruos. Esos de ojos inyectados en sangre que te chupan la sangre.
—Esos monstruos dentro de los armarios o debajo de la cama existen solo en los libros. La noche siempre asustó a las personas. Desde que vivían en cavernas y se escondían sin alguna defensa de los animales que salían a cazar. También muchas historias y cuentos hablan de la oscuridad como algo malo. Pero no siempre es así.
En el desierto, por ejemplo, donde el sol hace que, durante el día, las temperaturas son altísimas, la noche es el momento de más vida. Las flores de los cactus se abren
y los animales salen de sus cuevas — le explicó su madre.
—¡Ah! Tienes razón—dijo Carla.
—¿De todas formas pedirías visión nocturna?
—Quiero que me haga valiente —dijo después de pensarlo un rato.
—Ya eres valiente.
—Yo no soy valiente porque tengo miedo.
—Eres valiente porque no pediste que matara a los leones o a los monstruos. Pediste
visión para enfrentarlos. El miedo, cuando no nos paraliza, nos ayuda a defendernos,
a sobrevivir. —le dijo la madre mientras la abrazaba.
—Entonces… pido ser más valiente.
Y, esa noche, Carla se durmió tranquila… con la luz encendida.
¿Qué le pediríamos a Dios? ¿A qué le tenemos miedo? ¿A quién le pedimos ayuda?
Qué contestaríamos a Dios si nos preguntara: ¿Qué deseamos? Se me ocurren varias cuestiones, sin embargo, la respuesta de Salomón sigue siendo una excelente opción: "un corazón capaz de diferenciar el bien del mal y de juzgar con comprensión". ¡Cuántas peleas evitaríamos! ¡Cuántos momentos de paz y justicia hubiéramos construido!

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