Reflexión para el Domingo de Ramos

El Domingo de Ramos viviremos el contraste de lo que es la vida: la acogida y el rechazo. Jesús se acerca más todavía a nuestra humanidad, nos conoce mejor subido en la borriquita y el sufrimiento en Cruz. Nadie como él se ha metido mejor en la piel de lo que los hombres somos capaces de amar y, al mismo tiempo, nuestras contradicciones que llevan a la muerte del Inocente.

En una Semana Santa vivida de puertas adentro, con el corazón de puertas para afuera, estaremos atentos al dolor de la humanidad, revestida con los ornamentos de la bata médica o de los guantes de aquellos que continúan retirando la basura de las calles para que todo ayude en la batalla.

Una Semana Santa en la que Cristo sigue procesionando por las residencias de ancianos, por los barrios de África en los que comienzan los estragos de la pandemia, por aquellos que perdieron sus seres queridos sin poder despedirlos… En tantas situaciones, hoy Jesús se hace todavía más cercano y sigue llevando la Cruz por incontables lugares.

Ojalá que esta Semana Santa pudiéramos tener también la mirada de María y Jesús con María: “Era un hijo muriendo que sabía que su madre lo veía”. En nuestra impotencia siempre podemos ayudar al otro: María ayudó al hijo niño en su fragilidad. Al finalizar su vida, el Crucificado sin ningún poder se preocupa de su madre.

Vivamos estos días en comunión, unidos en la oración y en las pequeñas-grandes cosas que hemos de hacer en esta cuarentena pre-pascual.

Siémbrate, crece…

La pedagogía del grano de trigo es tan sabia y espiritual que tendríamos que tenerla más presente en nuestro proceso vital. La enfermedad, la muerte, nos espanta de alguna manera. Sin embargo, solo desde la limitación, la entrega, el darse hasta el final, el morir… es la vía para la vida. Ahí se desparrama, se extiende el Amor. Por eso: Siémbrate, crece… y comparte.

La Cruz es la vía del crecimiento. Ahí florecerá la espiga que se convierte en alimento. Todos estos textos que nos preparan a la Pascua del Señor, nos ayudan al cambio de mentalidad y a entrar en la esperanza del sueño de Dios para la humanidad.

Seamos grano de trigo… pequeño, que cae y muere. Confiemos en el Dios de la Vida. Siempre. Y en su Amor. Sin límite.

Ilumina

Acercarse a la Luz es acercarse a Jesús. Ya puede estar todo oscuro, en tinieblas, que si Jesús está cerca su Luz nos inunda. Eso es causa de profunda alegría. ¡Encuéntrate con Jesús e ilumina!

En la noche, en nuestras oscuridades, podemos dejarnos prender por la luz de Jesús. Esto le pasó a Nicodemo y a tantos otros que a lo largo de la historia se han dejado “encender” o “iluminar” por el Señor.

Un Evangelio positivo, desafiante porque nos habla de andar en la verdad, como Teresa de Jesús. Un Evangelio que nos llena de Luz y de esperanza. ¡Nos hace tanta falta! Un Evangelio para que resplandezca lo bueno, generoso, amable, solidario que hay en cada uno de nosotros. Un Evangelio para que brille el Amor de Cristo, fuente de toda luz y de todo amor.

Crisálida

Recuerdo una mañana en que yo había descubierto una crisálida en la corteza de un árbol en el momento en que la mariposa rompía la envoltura y se preparaba a salir. Esperé un largo rato; pero tardaba demasiado, y yo tenía prisa. Nervioso, me incliné y me puse a calentarla con mi aliento. Yo la calentaba, impaciente, y el milagro empezó a realizarse ante mí, a un ritmo más rápido que el natural.

La envoltura se abrió, la mariposa salió arrastrándose, y no olvidaré jamás el horror que experimenté entonces: sus alas no estaban todavía desplegadas y con su pequeño cuerpo tembloroso, se esforzaba en desplegarlas. Inclinado sobre ella, la ayudaba con mi aliento... En vano.

Continuar leyendo

Después de la tormenta...

Decían que en la región más alejada del reino, allá arriba, en las cumbres más altas, habitaba un gran sabio.

—¿Por qué será que los sabios siempre viven en zonas peligrosas, difíciles de alcanzar? — pensó la joven mientras sacaba de su mochila lo que no iba a necesitar: el traje de baño, libros que ya había leído y otros que eran muy pesados para cargarlos. También tenía allí recuerdos de amigos y familiares y muchas otras cosas que acumuló desde que dejó su hogar en búsqueda de la sabiduría.

La dueña de la posada le dijo que no se preocupara por sus cosas, que le guardaría todo hasta su regreso.
La joven, con una cantimplora con agua y unos panes, se dirigió hacia el camino que subía hasta la cumbre más alta.
Estaba tan convencida de lo que deseaba, que ni las ráfagas de viento ni las tormentas de nieve la detuvieron. En un momento, pareció que la naturaleza se cansó de luchar contra ella y salió el sol. Era un sol abrasador, sofocante.

—No, la naturaleza no se cansó —pensó la joven—, cambió de estrategia.

Continuar leyendo

Parroquia Sagrada Familia