Escenificación: Entrevista a los reyes del mundo

Narrador: Les voy a presentar a cuatro reyes, y cada uno nos va a mostrar cómo es su reino. Son unos reyes muy conocidos. Después de la entrevista sacaremos
alguna lección para nuestra vida. (Pasa primero el rey de Bastos).
Narrador: ¿Cómo te llamas?
Rey de Bastos: Yo me llamo el Rey de Bastos porque todas las personas que tengo trabajan para mí; soy muy exigente y no admito nada, ni perdono cuando me hacen una mala jugada, porque soy el más basto. Mi lema es duro y a la cabeza.
Narrador: ¿Cuál es el dios en que confías y el reino que quieres construir, para ver si no unimos a él?
Rey de Bastos: Yo creo en el dios de la fuerza y el poder. Los que quieran entrar en mi reino deben ser fuertes y violentos, tienen que querer ser más que los otros, estar por encima de los demás y abusar de todos. ¡Duro y a la cabeza!
Narrador: Bueno, nos quedamos pensando tu propuesta y vamos a entrevistar a otro rey.
(Entra el rey de Oros). ¿Tú quién eres?

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Sembrador de Nogales

Un día caminaba por el campo, cuando vi a un hombre bastante anciano, que estaba cavando un pozo. Intrigado, me acerqué a él para preguntarle qué estaba haciendo. A mí siempre me gustaron las nueces, me contestó. Hoy llegaron a mis manos las nueces más exquisitas que probé en mi vida, así que decidí plantar una de ellas.

Me entristecí al pensar que ese pobre hombre, a tan avanzada edad, jamás llegaría a probar una de esas nueces. Disculpe, amigo, le dije. Para que un nogal dé frutos deben pasar muchísimos años, y dada su edad, es muy probable que cuando este arbolito dé sus primeras nueces, usted ya haya muerto hace mucho. ¿No ha pensado que tal vez sería más provechoso para usted sembrar tomates, o melones o sandías, que le darán frutos que usted sí podrá saborear?.

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La carcoma de la virtud

Un príncipe en la corte de Sicilia tenía a su servicio dos soldados. Uno pasaba por muy envidioso. El otro por muy avariento. Queriendo el príncipe ponerlos a prueba reunió a ambos y les dijo que se proponía darles a cada uno un premio, haciéndoles observar, no obstante, que el primer solicitante recibiría el objeto de su deseo, y el segundo el doble del primero.

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Cuento: “Las tres pipas”

Una vez, un miembro de la tribu se presentó furioso ante su jefe para informarle que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido grandemente. ¡Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad! El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo. El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol.

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Tomar la cruz y seguirlo

En el templo de un lejano pueblo perdido entre las heladas montañas, vivía una gran maestra. Todos los años, numerosas mujeres se apuntaban para ser sus discípulas.

Amira, una joven que cuidaba las cabras se apuntó sin ninguna esperanza de ser seleccionada. Su sorpresa fue muy grande cuando se enteró que la habían elegido. No se creía digna de eso. Se enojaba fácilmente y tenía muchos otros defectos. Como tardaba en presentarse, la maestra envió otro emisario para que la conduzca al templo.

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Parroquia Sagrada Familia