Dios sí fue a la cita

Había un monje muy piadoso que se pasaba el día, y casi la noche, diciendo: Señor, muéstrame tu rostro, quiero verte. Dios quiso complacerle por fin y le dijo: Ponte mañana en camino que, pasado el río, antes del anochecer me mostraré a ti.

El buen monje preparó bien su espíritu y saltando más que caminando marchaba radiante hacia el río. Iba metido en su mundo, que era el de Dios, como enamorado ciego.

Tan abstraído estaba que casi no se dio cuenta del pobre labriego que luchaba con sus mulas para sacar el carro de un hoyo profundo. Ni vio apenas cómo unos pastores pegaban a otro más débil. Ni cómo un niño lloraba porque casi no podía con un haz de leña que llevaba.

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Mejor dar que recibir

Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quienes los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones. Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias.

El alumno dijo al profesor: Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre. Mi querido amigo, le dijo el profesor, nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre. Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos.

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Escenificación: Entrevista a los reyes del mundo

Narrador: Les voy a presentar a cuatro reyes, y cada uno nos va a mostrar cómo es su reino. Son unos reyes muy conocidos. Después de la entrevista sacaremos
alguna lección para nuestra vida. (Pasa primero el rey de Bastos).
Narrador: ¿Cómo te llamas?
Rey de Bastos: Yo me llamo el Rey de Bastos porque todas las personas que tengo trabajan para mí; soy muy exigente y no admito nada, ni perdono cuando me hacen una mala jugada, porque soy el más basto. Mi lema es duro y a la cabeza.
Narrador: ¿Cuál es el dios en que confías y el reino que quieres construir, para ver si no unimos a él?
Rey de Bastos: Yo creo en el dios de la fuerza y el poder. Los que quieran entrar en mi reino deben ser fuertes y violentos, tienen que querer ser más que los otros, estar por encima de los demás y abusar de todos. ¡Duro y a la cabeza!
Narrador: Bueno, nos quedamos pensando tu propuesta y vamos a entrevistar a otro rey.
(Entra el rey de Oros). ¿Tú quién eres?

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Sembrador de Nogales

Un día caminaba por el campo, cuando vi a un hombre bastante anciano, que estaba cavando un pozo. Intrigado, me acerqué a él para preguntarle qué estaba haciendo. A mí siempre me gustaron las nueces, me contestó. Hoy llegaron a mis manos las nueces más exquisitas que probé en mi vida, así que decidí plantar una de ellas.

Me entristecí al pensar que ese pobre hombre, a tan avanzada edad, jamás llegaría a probar una de esas nueces. Disculpe, amigo, le dije. Para que un nogal dé frutos deben pasar muchísimos años, y dada su edad, es muy probable que cuando este arbolito dé sus primeras nueces, usted ya haya muerto hace mucho. ¿No ha pensado que tal vez sería más provechoso para usted sembrar tomates, o melones o sandías, que le darán frutos que usted sí podrá saborear?.

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La carcoma de la virtud

Un príncipe en la corte de Sicilia tenía a su servicio dos soldados. Uno pasaba por muy envidioso. El otro por muy avariento. Queriendo el príncipe ponerlos a prueba reunió a ambos y les dijo que se proponía darles a cada uno un premio, haciéndoles observar, no obstante, que el primer solicitante recibiría el objeto de su deseo, y el segundo el doble del primero.

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Parroquia Sagrada Familia