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Evangelio del domingo, 7 de enero de 2024

Al principio del cristianismo se creía que con estar bautizados con agua ya se era seguidor del Maestro, pero eso sólo no es suficiente. Para seguir al Maestro necesitamos acoger a su Espíritu, aparte de estar bautizados con agua.
En los momentos de crisis parece que todos nos acordamos de Dios, nuestra fe aumenta y tratamos de vivir más fielmente su Palabra.
En la actualidad convivimos diferentes culturas, y aunque algunas quieren imponer su fe a la fuerza, los cristianos debemos ser fieles al Espíritu de Dios, trabajar por la unidad, empatizar con los otros y que entre todos consigamos un mundo más unido y feliz.
Nos quejamos de que muchas de nuestras iglesias están vacías, que la increencia cada vez es mayor, pero no nos paramos a escuchar… no nos estará Dios pidiendo que estemos atentos a nuevas formas de encuentro acorde con los tiempos actuales.
El Espíritu de Dios siempre está presente, Cristo vive, pero debemos dejarnos seducir por Él, impregnarnos de su amor para poder hacerlo extensible en el entorno donde cada uno nos movemos.
La Iglesia no es para unos cuantos, es para todos. Todos tenemos cabida en ella, por ello. El rostro de la Iglesia debe reflejar en todo momento el amor, la justicia, la paz y vivir como Cristo nos enseña.
Ha llegado el momento de que el Evangelio resuene allí donde quiera que estemos para que el mensaje de Jesús sea conocido por todos y acogido con amor. A nosotros nos toca ser el eco que lleve el mensaje, como lo llevó, Juan Bautista.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,7-11):

En aquel tiempo, proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»
Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma.
Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.»

Palabra del Señor

Parroquia Sagrada Familia