La Cofradía de Cristo Resucitado participa en un multitudinario Jueves Santo marcado por el Encuentro a los pies de la Catedral

Los cofrades acompañan uno de los momentos más emblemáticos de la Semana Santa burgalesa, en una jornada que une liturgia, tradición y emoción compartida.
La Semana Santa de Burgos vivió este Jueves Santo una de sus jornadas centrales, en la que la Cofradía de Cristo Resucitado de la parroquia se hizo presente participando en la procesión del Encuentro, uno de los actos más multitudinarios y sobrecogedores del calendario cofrade.
Desde primeras horas de la tarde, sin amenaza de lluvia y con una gran afluencia de fieles, las parroquias de San Gil y San Cosme ultimaban los preparativos para la salida de los pasos de Nuestra Señora de los Dolores y Jesús con la Cruz a Cuestas. Junto a las cofradías organizadoras, miembros de distintas hermandades —entre ellas la Cofradía de Cristo Resucitado— se integraron en el cortejo, acompañando y dando mayor dimensión eclesial a la celebración.
Cada procesión avanzó por su itinerario hacia un destino común: la plaza del Rey San Fernando. Mientras la Virgen recorría las calles desde San Gil, Cristo hacía lo propio desde San Cosme, en un ambiente de gran expectación y con las aceras completamente llenas de público.
Ya en la plaza, completamente abarrotada, se vivió el momento central de la noche. La entrada de Nuestra Señora de los Dolores, seguida minutos después por la llegada de Jesús atravesando el Arco de Santa María, dio paso a una escena cargada de simbolismo: el Encuentro entre madre e hijo antes del camino definitivo hacia la Cruz.
El silencio se impuso entre los asistentes mientras ambas imágenes avanzaban lentamente hasta situarse frente a frente. La emoción fue creciendo en una escena que se prolongó durante un tiempo: miradas, giros, acercamientos contenidos y un dolor compartido.
Durante el acto, se puso de relieve el sentido profundo de este momento dentro de la Pasión, y se invitó a los presentes a vivir una auténtica “cultura del encuentro” también en la vida cotidiana. La participación de la Cofradía de Cristo Resucitado parte de ese testimonio conjunto de fe que trasciende a cada hermandad y refuerza la unidad de toda la comunidad cristiana en estos días.
Tras el Encuentro, llegó la despedida. Nuestra Señora de los Dolores emprendió su regreso a la parroquia de San Gil, mientras Jesús con la Cruz a Cuestas entraba en la Catedral para realizar la estación de penitencia ante el Santísimo.
En una noche fría pero intensamente vivida, Burgos volvió a demostrar que su Semana Santa no es solo tradición, sino una experiencia compartida de fe en la que cada cofradía encuentra su lugar y su misión.





