El Vía Crucis del Castillo reúne a cientos de jóvenes en una noche de fe y silencio en Burgos

La luz de las antorchas y las reflexiones juveniles marcan uno de los actos más íntimos y emotivos del Lunes Santo.
La ciudad de Burgos volvió a vivir en la noche del Lunes Santo uno de los momentos más recogidos y significativos de su Semana Santa con la celebración del tradicional Vía Crucis del Castillo, que congregó a numerosos jóvenes en un ambiente de silencio, oración y profunda reflexión.
La celebración dio comienzo en la iglesia de San Esteban, desde donde los participantes iniciaron el ascenso por las laderas del parque del Castillo hasta el mirador de la ciudad. Un recorrido sencillo en lo externo, pero cargado de simbolismo, que año tras año se consolida como una de las citas más especiales del calendario cofrade burgalés.
Organizado con el impulso de la delegación diocesana de Infancia, Adolescencia y Juventud, junto a voluntarios de la parroquia de San Josemaría Escrivá, este Vía Crucis sitúa a los jóvenes en el centro. Son ellos quienes portan la cruz —réplica de la entregada por Juan Pablo II a los jóvenes del mundo— y quienes dan voz a cada estación a través de reflexiones y oraciones que conectan directamente con sus inquietudes, dificultades y esperanzas.
La participación ha vuelto a ser uno de los aspectos más destacados de la noche. Lejos del ruido y la espectacularidad de otros desfiles procesionales, la iluminación de las antorchas, el silencio compartido y el entorno del castillo crearon una atmósfera única que permitió a los asistentes vivir la fe desde una dimensión más íntima y personal.



