La familia Gabini - (3ª parte) La Mudanza

Luego de conocer la casa de Arroyo Corto y ver el tamaño de las habitaciones, los chicos pensaron que no era necesario deshacerse de los juguetes que habían acumulado a lo largo de los años. Quizás, al principio los deberían dejar en las cajas, hasta que pusieran estantes; la casa era inmensa, especialmente si la comparaban con el apartamento de dos dormitorios en la Ciudad. Los padres pensaban que muchos de esos juguetes ya no los usaban y que hubiera sido una buena oportunidad de dejarlos o regalarlos. Sin embargo no quisieron presionarlos; eran muchos los cambios que iban a tener. También fue difícil dejar ropa. Aunque les quedara pequeña, no querían deshacerse de nada.

—Ya dejamos a los amigos, dejamos el cine, el paseo al parque, la heladería... —Está bien, no se preocupen, el camión de la mudanza es grande. Vamos al súper a buscar más cajas— dijo la mamá.

El último día de escuela fue muy intenso para todos. Los compañeros los abrazaban y lloraban. La maestra les entregó un cuaderno con cartitas y dibujos... Los chicos subieron al coche en silencio y así estuvieron hasta la noche. El apartamento estaba repleto de cajas y muebles embalados. Sólo quedaba afuera la ropa que se iban a poner, las sábanas y las cosas de higiene. Esa noche compraron pizza y gaseosa fría porque la heladera estaba desenchufada.

—Ya se les va a pasar. Va a ser mejor que tú salgas temprano en el auto, antes de que venga el camión. Yo me encargo cuando vengan los de la mudanza— dijo el papá.

A la mañana siguiente, los chicos seguían sin hablar. Se negaron rotundamente a irse solos con la mamá. Querían ver cómo subían todas sus cosas al camión y cómo quedaba la casa. Se sentaron en la escalera y ahí, quietitos como nunca, observaron cómo personas que no conocían pasaban con sus juguetes, sus muebles, los libros, la ropa... Cuando la casa quedó vacía, se cogieron de la mano, y pasearon por las habitaciones. En cada lugar recordaron alguna anécdota, encontraron dibujos hechos sobre las paredes que estaban ocultos por los muebles, revisaron dentro de los armarios...

—Vamos. Subamos al coche así llegamos antes que el camión— dijo la mamá cuando creyó que ya estaban listos.

Los chicos se subieron al coche y miraron por la ventana de atrás. El señor de la inmobiliaria acababa de colgar el cartel de “Se alquila” en el balcón. Otros irían a ir a vivir a su casa. Llegaron a Arroyo Corto antes que el camión. Los vecinos se habían ocupado de colocar algunas luces y habían arreglado el baño. También colocaron una llave en la puerta y los esperaban con infusiones y tortas fritas. Habían hecho limpiar el comedor que era la parte de la casa que estaba en mejor estado. Al rato llegó el camión. Bajaron todo y lo dejaron amontonado. Esa noche cenaron en la casa de los vecinos. Era un asado de bienvenida con varias familias de la zona.

Marcela y Daniel estaban agotados, pero felices por el recibimiento y, especialmente porque los niños se integraron con los demás como si se hubieran conocido de toda la vida. A Carlitos no le entraba en la cabeza la posibilidad de salir a jugar a la pelota a la calle, y de noche. Cuando llegó la hora de despedirse, ninguno de los tres quería irse.

Los lugares donde vivimos son importantes. ¿Recuerdas hechos significativos que hayas vivido en tu casa, en la escuela? ¿Cuáles son los lugares más importantes para ti?. Jesús usaba parábolas para expresar lo más profundo que existe en el corazón de los hombres. Y, lo más profundo es Dios que está presente en cada uno. La semilla, Dios mismo, se esparce sobre todos los seres humanos, sin distinción. Depende de cada uno dejarla crecer, permitir que Dios se muestre a través nuestro. Depende de cada uno vivir amando a los demás.

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