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«Quisiera una iglesia que se fuera pareciendo más a esa casa abierta, dispuesta siempre a acoger a quien vuelve, a quien está o a quien llega por primera vez»

27/09/2026

D. Gabriel continúa su ministerio a partir de hoy en la Sagrada Familia, en una Eucaristía de bienvenida marcada por la cercanía y la esperanza.

Hoy domingo 27 de septiembre, la parroquia de la Sagrada Familia ha celebrado la Eucaristía de bienvenida a su nuevo párroco, D. Gabriel, conocido por muchos como Gabi. La celebración que ha presidido, ha sido el momento oficial de recepción de quien llega procedente de la parroquia de San Juan Evangelista. Se presentó como hombre de La Horra (Ribera del Duero), de 65 años y agradeció expresamente a la comunidad, a su familia, a sus amigos y de modo especial a D. Modesto, a quien conoció en 1986 en Villarcayo. Se puso a disposición de todos «con mi tiempo, mis cualidades y mi fragilidad», deseando ser «temprano y accesible a todos, desde la sencillez, siendo de todos y para todos».

En su homilía, D. Gabriel se dirigió a la comunidad reconociendo que «todos los comienzos son difíciles, porque lo nuevo es extraño, necesita de reajustes, necesita de paciencia, necesita de comprensión». Pidió ser visto no tanto por su persona como por su misión: «quisiera que me vierais como un acompañante que preside esta comunidad, junto con D. Modesto, pastoralmente», y subrayó que los sacerdotes son «una herramienta en las manos de Dios» para ayudar a encontrar a Quien realmente importa: «a Dios, que es el que nos ama».

D. Gabriel también invitó a la comunidad a vivir una coherencia entre palabras y hechos: «las acciones son más elocuentes que los sermones, y Dios premia las acciones, no premia los sermones». A partir de ahí planteó una serie de «sí» y «no» concretos: sí al Dios del amor y no al rechazo de los hermanos; sí al perdón de la cruz y no a la venganza o al resentimiento; sí al Dios de la vida y no a todo lo que la mata; sí al trabajo en la Iglesia y no a la pereza y la comodidad; sí al cuidado de la creación —en este Tiempo de la Creación— y no a la destrucción de la tierra.

En el marco de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, recordó la llamada a introducir la compasión de Dios, especialmente hacia los menores, que «no son un concepto, ni una cifra, ni un problema, sino rostros frágiles, historias silenciosas y vidas heridas».

Sobre el futuro de la parroquia, dibujó el ideal de una Iglesia «que se parezca más a esa casa abierta, en la que no se fuerza nadie a vivir en ella», siempre dispuesta a acoger a quien vuelve, a quien está o a quien llega por primera vez. Una casa con trabajo, pero también con alegría y fiesta, que se vaya haciendo sagrada «poco a poco, como quien crecía en edad, sabiduría y gracia», a imagen de la propia Sagrada Familia de Jesús, María y José.

La parroquia de la Sagrada Familia inicia así un nuevo curso con ilusión y con optimismo, acompañada por un equipo sacerdotal que quiere seguir construyendo una comunidad de acogida, de familia y de unidad.

Gracias, Gabi, por este comienzo.