Emotiva y multitudinaria despedida de D. Donato y D. Julián

La comunidad llenó el templo de la Sagrada Familia para dar una calurosa despedida mediante una Eucaristía de acción de gracias por todos estos años de servicio.
El pasado 20 de septiembre, la parroquia de la Sagrada Familia vivió una jornada especialmente intensa y emotiva. Tal como estaba previsto, se celebró la Eucaristía de despedida de nuestro párroco, D. Donato Miguel Gómez, y del vicario parroquial D. Julián Gumiel, seguida de la comida de hermandad en el Hotel Ciudad de Burgos (Rubena).
La celebración eucarística dió comienzo a las 12:30h. del mediodía y tanto Donato como Julián estuvieron acompañados por otros dos sacerdotes también pertenecientes a la parroquia: D. Modesto y D. Ángel.
El templo se llenó de feligreses de todas las edades, en una muestra clara del afecto y reconocimiento de la comunidad hacia quienes han acompañado su caminar pastoral durante estos años.
La Eucaristía estuvo marcada por una participación muy viva y sentida. Varios feligreses intervinieron a lo largo de toda la celebración: en la oración de los fieles, en la presentación de las ofrendas y en otros momentos de la liturgia, haciendo de la misa una auténtica expresión de la vida parroquial. El ambiente fue de profunda gratitud y de emoción contenida.
Al final de la ceremonia, tanto D. Julián como D. Donato dirigieron unas palabras a la asamblea. Con sencillez y cercanía, agradecieron el acompañamiento recibido, evocaron momentos compartidos y desearon a la comunidad que continúe creciendo en fe y en unidad. Sus intervenciones fueron acogidas con un prolongado y sentido aplauso.
Tras la Eucaristía, un buen número de feligreses se desplazaron al Hotel Ciudad de Burgos para compartir la comida de hermandad. Allí se prolongó el clima de cercanía y agradecimiento en un ambiente familiar y festivo.
La jornada fue un hermoso testimonio de comunión. La parroquia de la Sagrada Familia da gracias a Dios por el ministerio de D. Donato y de D. Julián, y les desea lo mejor en sus nuevos destinos, seguros de que el vínculo de fe y afecto que nos une seguirá vivo.












