Las cofradías de Cristo Resucitado y la Virgen de la alegría protagonizan el Anuncio Pascual en una multitudinaria y veraniega mañana en Burgos

La parroquia de la Sagrada Familia se convierte en punto de partida del Cristo Resucitado en una procesión que culmina la Semana Santa con fe, celebración y sentido de comunidad.
La ciudad de Burgos ha puesto el broche final a la Semana Santa con la celebración del Anuncio Pascual, una jornada marcada por la alegría y la participación masiva de fieles, en la que la Cofradía de Cristo Resucitado de nuestra parroquia ha tenido un papel central junto con la Virgen de la alegría de la iglesia de San Nicolás de Bari.
Desde primeras horas de la mañana, la iglesia de la Sagrada Familia se convertía en el punto de partida de uno de los momentos más esperados del calendario litúrgico. Desde allí, el paso de Cristo Resucitado —obra de Manuel López (2005)— iniciaba su recorrido acompañado por los cofrades, dando testimonio visible del núcleo de la fe cristiana: la victoria de la vida sobre la muerte. Mientras tanto, la Virgen de la Alegría partía desde la iglesia de San Nicolás de Bari para dirigirse hacia la Catedral, donde tendría lugar el esperado Encuentro. Tras la celebración eucarística de Pascua que se celebró en la Catedral, la imagen de María aguardaba ya a las puertas del templo, en un ambiente cargado de expectación.
La salida de Cristo Resucitado de la Catedral, entre pétalos, campanillas y aplausos, marcó uno de los momentos más intensos de la mañana. El avance hacia su madre simbolizaba no solo el reencuentro, sino el sentido último de toda la Semana Santa.
Tras el Encuentro, ambas imágenes junto a sus cofradías emprendieron juntas el recorrido hacia la plaza del Rey San Fernando, acompañadas por otros cofrades, representantes institucionales, fieles y grupos de danzas tradicionales como Diego Porcelos y Los Zagales. Ya en la plaza, se desarrolló el acto central del Anuncio Pascual, en el que los más pequeños también tuvieron su protagonismo con el sonido de los tamborcillos, seguido de danzas y la lectura de poemas en honor a Cristo Resucitado y a la Virgen de la Alegría. El obispo emérito Fidel Herráez bendijo a los presentes, recordando que el espíritu de la Pascua debe vivirse cada día.
Uno de los momentos simbólicos fue el intercambio de flores entre las cofradías, así como el reconocimiento y entrega de un recuerdo a la cofradía de la Virgen de la Alegría por sus 300 años de historia, un gesto que reforzó el carácter comunitario de la celebración.
La jornada concluyó con el recorrido conjunto hasta la plaza Alonso Martínez, donde se despidieron ambas tallas en un ambiente festivo y transmitiendo un mensaje central: Cristo vive.











