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Evangelio del domingo, 30 de agosto de 2026

30/08/2026

Comenzamos escuchando una dura queja de Jeremías, la cual, a su vez, es todo un alegato de lo que supone haber sido llamado para ser profeta. Seducido por Dios, Jeremías transmite su Palabra al pueblo de Israel. Pero dicha Palabra pone en evidencia los graves pecados de aquel pueblo, por lo que genera un fuerte rechazo contra el propio Jeremías. Por ello, él querría dejar este servicio, pero le es imposible, porque Dios le llama desde lo más hondo de su ser.

El autor del Salmo 62 vive lejos de Jerusalén, rodeado de enemigos.  Por ello siente una profunda sed de Dios y desea regresar a Jerusalén para allí, en su templo, poder gozar de su cercanía. Porque Dios es el sostén de su vida y la fuente de su felicidad.

A continuación, escuchamos dos versículos de la carta de san Pablo a los Romanos. En ellos, el Apóstol nos anima a poner toda nuestra persona en manos de Dios. Pero no es fácil, pues requiere de un largo proceso de transformación interior.

Y así llegamos al pasaje del Evangelio según san Mateo. Trata sobre el camino de la cruz, el cual ha de vertebrar la vida de todo cristiano. Sólo recorriendo ese duro camino, siguiendo los pasos de Jesús, nos dirigimos hacia la salvación.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»