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Evangelio del domingo, 2 de agosto de 2026

02/08/2026

La multiplicación de los panes y peces es un milagro que narran, con ligeras variantes, los cuatro evangelistas. Podemos entender que este milagro quedó grabado en la conciencia de la Iglesia primitiva y que el mensaje que encierra es especialmente aleccionador. Podríamos comenzar preguntándonos: ¿Qué es lo que quiere decirnos la Palabra de Dios con tanta insistencia? El relato es eminente eucarístico en todas las tradiciones evangélicas, pero en la de San Mateo tiene, además, otras connotaciones que podemos anotar. La primera enseñanza se refiere a la compasión de Jesús por la gente, por cada una de las personas. Jesús no va a lo suyo, se interesa por los demás, encarnando en su propia vida la situación de sufrimiento o de carencia en la que nos encontramos.

Dios, en Jesús nos ha mostrado visiblemente que comparte con cada uno su propia necesidad, y le ofrece la salvación. El centro del evangelio parece ocuparlo la situación de hambre que padece la muchedumbre que sigue a Jesús. Se trata de una situación de carencia vital. El alimento es básico para el ser humano. Necesita comer para poder vivir. Se trata del hambre de la humanidad. Hambre de Dios y hambre de sentido.

Con frecuencia tratamos de alimentarnos con cosas que no sacian. Las procuramos y consumimos, pero no satisfacen, creando en nosotros vacío, frustración y soledad. A Dios le afecta el hambre del hombre, y nos envía a Jesús, El Hijo de Dios que es el verdadero Pan que da Vida a los que tienen hambre, a los que sufren, a los pobres que tienen necesidad de Él y buscan su alimento y su salvación en Él. Es curioso el detalle de que, con ser tantos, «todos quedaron saciados». Hay un imperativo en el relato que no podemos pasar por alto.

"Dadles vosotros de comer". De diversas maneras el texto de la multiplicación de los panes nos invita a descubrir que el proyecto de Jesús es alimentar a los hombres y reunirlos en una fraternidad real en la que sepan compartir su «pan y su pescado» y convivir como hermanos en torno a Jesús. Esto debe ser la Iglesia.

Y ahí estamos nosotros. No solo para repartir lo que nos dan, sino para dar y darnos nosotros mismos a los demás. Hay demasiado narcisismo egoísta en nuestras vidas, y eso ni sacia ni nos sacia. El Señor quiere servirse de nuestra humanidad, de nuestra pobreza «Traédmelos». La acción de Dios pasa por la mediación de nuestra pobreza, cuando sintonizamos con Dios y nos dejamos hacer. Ojalá experimentemos el gozo de poder entrar a participar en la obra de Dios, con lo poco o lo mucho que tengamos. Eso importa poco. Lo importantes ponerlo a su disposición. El amor y el poder de Dios harán lo demás.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: “Tráiganmelos”.

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.