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Evangelio del domingo, 26 de abril de 2026

26/04/2026

Los sociólogos de hoy definen a nuestro modo de vivir y de actuar como desvinculados de todo referente anterior o exterior a uno mismo. No son pocos los que, en búsqueda frenética de una libertad absoluta, desprecian aquellos vínculos que nos refieren a nuestros orígenes familiares, a nuestra cultura, a nuestra historia, a nuestro grupo humano o religioso. Se habla de la nuestra como ‘una sociedad desvinculada.’ El hombre experimenta y pretende alcanzar un sentimiento de autonomía y de independencia que le hace querer vivir, como un adolescente eterno, desvinculado de toda referencia. Este sentimiento de emancipación de todo y de todos, ha dado paso en los últimos siglos de nuestra historia al fenómeno actual del secularismo.

Pero por otra parte, el hombre no puede renunciar a reconocerse como un ser necesitado de afecto, de acogida, de compañía y de ternura. Esta sociedad que se pretende totalitaria y autónoma de su propio destino, es una sociedad donde este fenómeno ha creado una gran incomunicación y soledad. El hombre que ha rechazado a Dios de su vida, y ha abandonado el cimiento que ofrecen las serias certezas de la fe, se ha entregado al relativismo de las ideologías, y se ha quedado encerrado cada vez más en sí mismo, y cada vez más solo. Ser creyente es vivir vinculado a Cristo. Pero precisamente, esa vinculación y adhesión a Cristo es lo que permite al cristiano dar contenido humano a su libertad. Desde la relación de un conocimiento que nace del amor, Jesús se presenta como el Pastor que nos conoce por nuestro nombre, y nos descubre que no estamos perdidos en medio del cosmos, sin origen ni destino. ‘Las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas, y las saca fuera’. Sentirse conocido llamado, acogido en la propia realidad es, tal vez, la felicidad más íntima que puede experimentar el ser humano. Por eso a los contemporáneos de Cristo, la figura del Pastor era familiar y les traía a la mente connotaciones familiares muy positivas.

Una de las primeras representaciones de Jesús que se conservan, y que se encontraron en las cat-cumbas, fue la de Jesús como buen Pastor que lleva sobre sus hombros un cordero. Por otra parte, Jesús se presenta como la puerta que da acceso a la auténtica liberación. Esta es la promesa de Jesús: «yo soy la puerta. Quien entre por mi se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos». Responder a su llamada, orientar la vida en la dirección que señala su mensaje, comprometerse en establecer vínculos de amor verdadero con su persona, identificarnos con los auténticos valores del ‘Reinode Dios’, es lo que puede ayudarnosa conocer la verdadera libertad, la que nace del corazón y nos hace plenamente humanos.

Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia''.