La verdad, fuerza de la paz

La directora vio un cristal roto en el patio y creyó que habían sido los chicos de cuarto que habían estado jugando a la pelota durante el recreo, aunque estuviera prohibido. Los llamó, los retó y los dejó sin recreo durante un mes. Debían quedarse sentados en unos bancos y charlando. No podían jugar ni con el móvil. De nada sirvió que protestaran; la directora no cambió de opinión. Si no habían sido ellos, de todas formas, habían estado jugando donde y cuando no debían.

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Si quieres la paz, respeta la conciencia de cada hombre

El abuelo se acercó a Cristina porque le llamó la atención que estuviera tan quieta mirando algo. Pensó que era un juego nuevo porque, cada vez que tenía uno en el móvil, podía pasar mucho rato sentada aprendiendo a jugar. —¿Qué estás haciendo? -preguntó-. ¿Es un juego nuevo? —No, abuelo, estoy mirando el calendario del año para saber cuándo son las fiestas, así podemos ir a visitar a los primos a su casa. No entiendo bien por qué hay algunos que se pueden cambiar de día y otros no. ¿Sabes por qué será? —No tengo idea -contestó el abuelo-. Se me ocurre que algunas fiestas se consideran más importantes que otras. —¡Qué extraño! El de San Martín se puede cambiar de día, y mira el 12 de octubre también.

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Combatir la pobreza, construir la paz

A Lorenzo le encantaba ir a los cumpleaños de los compañeros. Antes de salir de su casa, ya estaba contento. Se preparaba con entusiasmo y estaba parado en la puerta para salir antes de tiempo. Muchas veces, tenía que dar una vuelta a la manzana antes de entrar para no llegar antes que el cumpleañero. Y, cuando regresaba a su casa, no paraba de hablar y de contar cómo le había ido.

Un día, tuvo un cumpleaños en un campo de fútbol. Esas fiestas eran sus favoritas. Sin embargo, cuando su padre lo fue a buscar, estaba como perdido, no hablaba, iba serio... Su padre pensó que, quizás, se había peleado o le dolía la tripa por comer mucha tarta o sángwiches. —No, no comí tarta, tampoco muchos sángwiches -dijo. —¿No te gustó la tarta? —No sé, no la probé, parecía rica. Todos comieron un montón. —¿Te dolía la tripa? Si me hubieras llamado habría ido a buscarte más rápido. —No, no me dolía la tripa y tenía hambre. Lo que pasó es que, cuando me dieron el trozo de tarta y estaba por comérmelo, vi a un chico que miraba a través de la reja del campo.

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Si quieres promover la paz, protege la creación (2010)

La maestra pidió a los niños que llevaran un diario a la escuela. No hacía falta que fuera del mismo día, podían pedir uno cualquiera en alguna tienda o a algún vecino. Era necesario que estuviera completo para ver las secciones y suplementos. Fueron a la biblioteca donde había ordenadores y compararon los diarios en papel con la versión en Internet. De regreso al colegio, la maestra preguntó si había algo que les hubiera llamado la atención. —La violencia, la mayoría de las noticias son de guerras, de peleas, de muertes...

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Varios días después (La fiesta de los 15 años de Antonia)

El lunes siguiente a la fiesta de 15 años, Antonia vio que muchos chicos y chicas usaban su detalle recuerdo, y llevaban la libreta en la mochila. Eso la llenó de alegría. Durante el recreo, se le acercó Flor, una de las chicas que había ido a la fiesta. Fue a la última que había puesto en la lista. Después de poner a los que consideraba más amigos y, como le quedaba un lugar, sorteó entre el resto de los compañeros. Esto era un secreto, nadie lo sabía, pero ella sí, y sintió un poco de vergüenza cuando Flor le agradeció una y otra vez por haberla tenido en cuenta para invitarla.

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Parroquia Sagrada Familia