El Pincelito

Había una vez un pincel que era la admiración de todos los demás lápices, pinceles y crayones, puesto que con él habían sido pintados los cuadros más hermosos que habían salido de ese taller. Cuando el pintor tenía que realizar una obra de calidad o un trabajo muy importante, siempre acudía a él, puesto que sus suaves cerdas eran las que más finos y delicados trazos imprimían sobre el lienzo, y le daban un toque especial a cada detalle de la obra. Esto llenaba de orgullo a nuestro amiguito, que solía pasearse orondo por el taller, mirando por encima del hombro a los demás elementos de dibujo, puesto que sabía que él era el mejor. Todas las fibras y acuarelas del taller suspiraban por el galán.

Cierto día, un viejo plumín de tinta china, envidioso porque nuestro amiguito era el centro de la atención femenina del taller, sembró en él una inquietante cizañita. Le dijo: "¿Tú te crees muy bueno? Pues lamento informarte que tú solo no vales nada. Jamás decides tú qué es lo que pintarás, o qué colores utilizarás, sino que eres un miserable esclavo del pintor que es quien te usa como a él se le da la gana". Esto inquietó al pincelito. ¿Sería verdad lo que el plumín había dicho? ¡No! El pintor era bueno... Pero... si era así, ¿qué derecho tenía el pintor de hacer con él lo que quisiera? ¡El pincelito era el que se ensuciaba y el que se desgastaba al raspar contra el lienzo. ¿Por qué había de llevarse los laureles el pintor?

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La Familia

Ésta es la historia de un artista que, insatisfecho de su trabajo, un día le dijo a su esposa:
—Me voy a ir de viaje. Necesito encontrar inspiración para pintar mi obra maestra.
Viajó por muchos países. Contempló mucha belleza, pero no encontró lo que andaba buscando. Un día salió a pasear, detuvo a una novia en el día de su boda y le preguntó:
—Dime, por favor, ¿qué es para ti lo más hermoso del mundo?
Ella le contestó con mucha naturalidad:
—El amor.
El artista continúo su camino pensativo. ¿Cómo pintar el amor?
Poco tiempo después, encontró a un soldado que volvía de la guerra. El pintor lo sorprendió:
—¿Cuál es la cosa más bella del mundo?
El soldado le contestó sin dudar:
—La paz.
Y el artista apesadumbrado se preguntaba:
—¿Cómo pintar la paz?
Siguiendo su búsqueda, se acercó a un creyente que iba camino del templo y le hizo la misma pregunta.
El creyente contestó:
—La fe es la cosa más bella del mundo.
Y el artista continuó pensativo:
—¿Cómo pintar un cuadro de la fe?
Casi desesperado, después de tanta búsqueda de inspiración, volvió a su casa, cansado. Pero, a su llegada, la esposa lo recibió con ternura y calor. El artista encontró el amor del que le había hablado la novia.
Todo, en su lugar, respiraba tranquilidad y seguridad. Era la paz de la que le había hablado el soldado.
Y cuando sus hijos lo besaban, vio, en sus ojos de niños... la fe del creyente. Había encontrado en su hogar la inspiración que andaba buscando afanosamente fuera de casa: la familia.

Evangelio del Domingo, 20 de Septiembre de 2015

El evangelio de hoy tiene una temática muy similar a la del domingo anterior. La diferencia radica, sobre todo, en que hoy no es sólo Pedro el que reacciona en contra de la Pasión y Muerte de Jesús sino todos los demás apóstoles.

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Dos encuentros mundiales sobre la familia

Francisco Gil Hellín (Arzobispo de Burgos)

gil hellin

No es la primera vez que lo hago ni será la última. Entre otras razones, porque las circunstancias lo siguen exigiendo y porque el Papa no cesa de pedirlo. Me refiero a la oración por los dos grandes acontecimientos eclesiales que tenemos a la vista: la Jornada Mundial de las Familias en Filadelfia y el Sínodo de los obispos sobre la familia humana y cristiana.

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Evangelio del Domingo, 13 de Septiembre de 2015

Estamos en el camino de Cesarea de Filipo, en la parte noreste de Galilea. Jesús se dirige allí acompañado de sus discípulos. En un momento del camino se detiene y les formula esta gran pregunta: “¿Quién dice la gente que soy Yo”. Ellos le responden: para unos, Juan Bautista; para otros, Elías; para otros, un gran profeta. Jesús no se queda satisfecho y les formula otra pregunta, más personal: “¿Para vosotros, quién soy yo?”. Pedro responde: “el Mesías”. Jesús aprueba la respuesta: Sí, él es el Mesías. Pero no el que espera la gente, pues ésta esperaba un Mesías que provocase una insurrección para tomar el poder y liberar al pueblo judío por la fuerza de las armas.

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Parroquia Sagrada Familia