Dos regalos

Esta historia ocurrió en una casa donde vivían dos hermanas con su padre y su madre. En una Navidad, cuando eran pequeñas, la menor recibió patines, y la mayor, un libro de tapas duras de los hermanos Grimm. Cada una miraba a su hermana y deseaba el regalo de la otra. Estaban contentas con lo que habían recibido, pero deseaban también el otro regalo. Agradecieron lo recibido, y no manifestaron este pensamiento, que quedó dentro de ellas por muchos años.

Pasó el tiempo, las dos hermanas se fueron a vivir solas, más cerca del trabajo, y llegó el momento en que hubo que desarmar la casa de la infancia. Sus padres estaban mayores, y la casa era muy grande, y estaba lejos de donde vivían las hermanas; por lo que era mejor que se mudaran más cerca, a un lugar más pequeño. Un apartamentito, próximo a una plaza para que no extrañaran tanto el parque y con un balcón donde los padres pudieran llevar algunas de sus plantas favoritas.

Las hermanas se instalaron en la casa materna durante un fin de semana para embalar y decidir qué hacer con lo que no entraba en el apartamento. Algunas cosas las venderían, otras las regalarían y otras, las tirarían. A lo largo de los años habían juntado muchos objetos que no tenían mucho valor ni utilidad: tapitas, tornillos, repuestos de electrodomésticos que ya no existían, corchos, radiografías, cartas... En la habitación que había sido de ellas, sobre el ropero, encontraron una caja. La abrieron, y dentro había un montón de juguetes y cosas de cuando eran niñas. Cada una recordaba cuál había sido de ella y decidía qué hacer: tirarlo, arreglarlo, regalarlo... Debajo de todo, estaban los patines y un libro de tapas duras.

Durante unos instantes, miraron esos dos objetos. —¡Qué bueno, pensé que se habían perdido, cómo nos divertimos con los patines y el libro! —Sí, me acuerdo que una patinaba como loca mientras la otra leía, y después hacíamos al revés. —Mira, los patines se extienden, los voy a probar. —Aquí está el cuento de la niña a la que le salían sapos y culebras de la boca porque mentía. ¡Qué miedo nos daba este cuento! En ese momento, entró la mamá al cuarto. ¿Qué estáis haciendo?, –preguntó. —Cada una está decidiendo qué hacer con los juguetes. —¿Te acuerdas de quién era el libro y de quién los patines? –le preguntaron. La mamá recordaba perfectamente qué regalo había recibido cada una, pero les dijo: —Esos regalos son de las dos porque fueron los que más las unieron y disfrutaron juntas. En esa Navidad, sucedió un gran milagro en la familia. Algo que parecía que las podía llevar a una pelea, terminó uniéndolas.

Cuando somos capaces de compartir, ¿tenemos más, o menos? Ojalá nos animemos a este gran desafío. Durante la misa de la mañana, celebramos el cuarto domingo de Adviento, el tiempo en que nos preparamos para recibir a Jesús, que nace en Navidad. En la Misa de la tarde-noche, celebramos la Navidad, a Dios hecho humano, en medio nuestro. Es un día de grandes celebraciones, intenso para sentirnos bien cerca del amor de Dios. Navidad es un gran milagro: ¡Dios se hizo uno de nosotros!

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