Reflexión al Evangelio del Domingo, 13 de Agosto de 2017

Jesús acababa de realizar el milagro de la multiplicación de panes y peces. Hoy nos dice el evangelio que “obligó a sus discípulos a marcharse en la barca mientras El despedía a la gente”. Este es un gesto severo por parte de Jesús, que realiza cuando tiene alguna tentación. La tentación, según nos cuenta el evangelista san Juan, era que la gente, después del milagro, quería proclamar a Jesús como rey. No habían entendido el sentido mesiánico de la vida de Jesús sufriente y servidor. Pensaban en un Mesías triunfante, que, como entonces, les pudiera dar siempre de comer. Jesús sabía que los apóstoles no estaban lejos de esas ideas y que se unirían a la idea de proclamarlo rey material. Por eso les obliga a marcharse y con paciencia procura tratar de convencer a la gente para que se vayan en paz. Jesús entonces se retira al interior de aquel monte a orar. Pediría fuerzas a su Padre para continuar en su misión.

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La familia Gabini - (7ª parte) - Unos días en la ciudad

A fines de octubre cumplían 40 años de casados los abuelos, los padres de Daniel, y hacían una fiesta. Todos tenían muchas ganas de ir a la ciudad para verlos y para encontrarse con sus amigos y compañeros. Marcela no tendría problemas con su trabajo. Trabajar desde su casa había sido una gran decisión y además, justo esa fecha coincidía con el día en que ella tenía que presentarse en la oficina. Los chicos no habían faltado nunca a la escuela y la directora les dijo que no había problema si no iban en toda la semana. Después, ella personalmente los pondría al tanto de los temas nuevos. Daniel, no quería cerrar la ferretería porque además de tuercas y tornillos, vendían muchas otras cosas que hacían falta en el pueblo. Repuestos para coches, lavadoras, comida para animales... Era difícil cerrar toda una semana. Por suerte su vecino se ofreció a abrir el negocio por la mañana. Él trabajaba por la tarde en el mantenimiento de la escuela, la municipalidad y el hospital.

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La familia Gabini - (5ta parte) - Primeros amigos

El fin de semana fue intenso. El sábado, mudanza; y el domingo comenzó mal lloviendo y cuando terminó la lluvia, se mejoró con un paseo en bicicleta. Cuando Carlitos regresó a la casa, vio que cada miembro de la familia estaba ocupado en algo. Marisol estaba en el jardín jugando con las muñecas. La hierba estaba muy crecida y ella se imaginaba que estaba en una selva. Lucrecia buscaba entre las cajas sus lápices y las cosas para la escuela que tenía que usar al día siguiente. Marcela limpiaba los armarios, y Daniel, el horno de la cocina y la heladera. Sonaba una música suave en el ordenador y el sol entraba por las ventanas. Por la mañana, la casa parecía mucho más bonita.

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La familia Gabini - (4ta parte) - Primeros días

Los arreglos en la casa de los bisabuelos en Arroyo Corto llevarían bastante tiempo. Iban a comenzar por las habitaciones. Primero, la de los chicos para que pudieran acomodar sus cosas y adaptarse más rápidamente. Los baños funcionaban bastante bien, aunque había alguna que otra pared un poco destrozada y en el baño más grande había que tirar agua con un cubo. Los primero días dormirían todos en el comedor. Esa noche, después del asado de bienvenida, la mudanza y el viaje, la familia Gabini se durmió profundamente, tanto que no escucharon los truenos ni la lluvia sobre el techo de chapa. Tampoco se dieron cuenta de que había goteras.

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La familia Gabini - (3ª parte) La Mudanza

Luego de conocer la casa de Arroyo Corto y ver el tamaño de las habitaciones, los chicos pensaron que no era necesario deshacerse de los juguetes que habían acumulado a lo largo de los años. Quizás, al principio los deberían dejar en las cajas, hasta que pusieran estantes; la casa era inmensa, especialmente si la comparaban con el apartamento de dos dormitorios en la Ciudad. Los padres pensaban que muchos de esos juguetes ya no los usaban y que hubiera sido una buena oportunidad de dejarlos o regalarlos. Sin embargo no quisieron presionarlos; eran muchos los cambios que iban a tener. También fue difícil dejar ropa. Aunque les quedara pequeña, no querían deshacerse de nada.

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