La corona de Jesús

En una capilla hicieron una gran fiesta para entronizar la estatua de Jesús con una corona dorada y con piedras, que no eran preciosas ni muy valiosas, pero lo parecían. La comunidad estaba feliz con la adquisición, y, cuando llegaba algún visitante al pueblo, lo llevaban a mirar la estatua, única en toda la zona. Explicaban que la coronaron en la fiesta de Cristo Rey con el esfuerzo de la comunidad. Sentían que su pueblo y su iglesia eran los más importantes de la región gracias a esa estatua. Un sábado por la mañana, al abrir la iglesia, el cura levantó la vista hacia la fabulosa imagen y, con gran asombro, advirtió que la corona no estaba. No había señales de que la puerta hubiera sido forzada ni ventanas rotas. Inmediatamente llamó a la policía para denunciar el robo, pero los agentes no pudieron más que mirar, recorrer el pueblo y descubrir que todo estaba tranquilo. Esa tarde, cuando el cura fue a revestirse para la Misa, percibió algo que sobresalía debajo de las albas. Movió la ropa y encontró la corona. Corrió hacia la iglesia y, antes de que entrara la gente, la colocó sobre la cabeza de la estatua. ¡Qué alegría para el pueblo verla en su lugar!

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Comisiones

En la sala de maestros, se armó un gran revuelo. La directora propuso que 6º B organizara un acto. Para tales ocasiones, la escuela tenía por costumbre escuchar las propuestas de los niños y llevarlas a cabo con el acompañamiento de los maestros. A los estudiantes no les parecía extraño, ya que desde los primeros grados se manejaron así. La mayoría de las maestras no quería que el acto del 9 de julio fuera organizado por ese sexto de tan bajo rendimiento. Sin embargo, la directora encontró la manera de convencerla y la maestra del curso fue a hablar con los niños. —¿Nosotros tenemos que organizar un acto? ¡Si somos el peor curso! —dijo uno de los niños que percibía con gran facilidad lo que los demás sentían. —¿Vieron la murga que hizo 4º B para el día de la Memoria? Fue espectacular –dijo Mariela, que amaba los carnavales y sabía todos los pasos de murga. —¿Y la obra musical de Belgrano de 6º A? No desafinaron ni una vez –agregó Marcos que tenía oído absoluto y era capaz de reconocer cada nota. —¿Y el video que armaron los de 7º para el Día del Trabajador? Era de una calidad increíble— comentó Laura, especialista en filmar todas las fiestas familiares. —Ya sé, montemos comisiones.

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Un sueño extraño

Tobi tuvo un sueño muy extraño. Soñó que en un gran salón había muchísimas personas que se iban moviendo y agrupando según las consignas de alguien que hablaba por micrófono. Conocía a la mayoría de los que participaban en el sueño; eran vecinos, compañeros de escuela, amigos de sus padres, gente que salía por la televisión. Él no escuchaba lo que decía el conductor. Tobi debía deducir lo que los movía a agruparse de una u otra forma. Mujeres de un lado, varones de otro. Altos, bajos, rubios, pelirrojos, estudiantes, maestros, personas con diferentes profesiones... Tobi adivinaba con bastante esfuerzo.

Hasta que él no decía en voz alta el motivo de esa clasificación, qué criterio habían tomado para agruparse, todos se quedaban mirándolo, implorando que adivinara para continuar con ese extraño juego sin ganadores ni vencidos. Aparentemente, el único que podía perder era él. En un momento, quedaron pocas personas de un lado y muchas del otro. Tobi reconoció a los cinco que estaban en el pequeño grupo: una niña de primer grado, el abuelo, una maestra de la escuela, una vecina, el entrenador del club del grupo de los Minis. ¿Qué tenían en común todas esas personas? Tobi no pudo encontrar algo que los relacionara, y el juego terminó porque su mamá lo despertó para ir a la escuela.

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Es mejor dar que recibir

Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quienes los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones.
Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias.

El alumno dijo al profesor: Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre.

Mi querido amigo, le dijo el profesor, nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.

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Mandamiento más grande

Esteban era un alumno excelente, el mejor del curso. Siempre leía, participaba en las clases, aportaba ideas, hacía comentarios. Las clases en la universidad eran diferentes cuando él estaba. Pero, a partir de la mitad del año, Esteban empezó a faltar, a veces llegaba tarde e incluso con los textos sin leer. Los profesores reconocieron esta situación y pensaron que debía estar ocurriéndole algo. Uno de ellos decidió acercarse a Esteban para averiguar qué le pasaba. Le preguntó si tenía problemas familiares, con los amigos, con la novia, con el trabajo...

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