Navidad plenamente cristiana

Fidel Herráez Vegas (Arzobispo de Burgos)

gil hellin

Un año más y de nuevo, como un regalo esperado y deseado durante el Adviento, los cristianos podemos celebrar el gran acontecimiento de la Navidad. La noticia del nacimiento de Jesús, el Salvador, el Dios-con nosotros, recorre los caminos de la historia y resuena una vez más en nuestro corazón. El hecho de que Dios se haya hecho carne de nuestra carne y asuma hasta las últimas consecuencias toda nuestra condición humana, menos en el pecado, ha de llevarnos a unas profundas actitudes de agradecimiento, alegría y alabanza. Siguiendo su lógica de amor desmesurado estamos invitados a proclamar que nuestro Dios sigue queriendo estar presente en nuestras vidas, en la historia presente y en el mundo actual. Festejar un año más la Navidad no es un mero recuerdo del pasado ni tampoco es vivirla dejándonos envolver por el ambiente meramente folklórico y consumista de nuestra sociedad.

Navidad se puede celebrar desde la fe, desde el reclamo festivo de los grandes almacenes, desde las calles que se llenan de luces, desde la nostalgia de algo que desea nuestro corazón para ser feliz... La verdad es que para nadie pasa de largo la Navidad. Unos lo saben y otros no, pero Dios nace para todos y esta es la gran esperanza de la humanidad y la razón de nuestra alegría. Es lo que proclamamos, llenos del gozo del Espíritu, en la liturgia de estos días. Así decimos en el Prefacio II de la Misa de Navidad: «Porque en el misterio santo que hoy celebramos», es que Cristo, «el que era invisible en su naturaleza, se hace visible al adoptar la nuestra; el Eterno, engendrado antes del tiempo, comparte nuestra vida temporal para reconstruir todo el universo al asumir en sí todo lo caído, para llamar de nuevo al reino de los cielos al hombre descarriado».

Y todo ello Dios quiso hacerlo de forma cercana y familiar. Es lo que nos recuerda nuestro querido Papa Francisco en su exhortación postsinodal sobre El amor en la familia: «la encarnación del Verbo, dice, en una familia humana, en Nazaret, conmueve con su novedad la historia del mundo». Somos invitados a «sumergirnos en el misterio del nacimiento de Jesús, en el sí de María al anuncio del ángel, cuando germinó la Palabra en su seno; también en el sí de José, que dio el nombre a Jesús y se hizo cargo de María». Y luego, «penetrar en los treinta años donde Jesús se ganaba el pan trabajando con sus manos, susurrando la oración y la tradición creyente de su pueblo y educándose en la fe de sus padres, hasta hacerla fructificar en el misterio del Reino”. Porque “este es el misterio de la Navidad y el secreto de Nazaret, lleno de perfume a familia».

En este contexto de la Navidad, el próximo domingo celebraremos en la Iglesia la Jornada de la Sagrada Familia, porque la contemplación ante el portal de Belén nos sitúa de lleno junto a la familia de Jesús. La Jornada se celebra con el lema «La familia, hogar que acoge, acompaña y sana». Los obispos españoles, en su mensaje para este día, hemos querido resaltar «la acogida o la hospitalidad, como virtud familiar» invitando a la imprescindible actitud de la hospitalidad a todos los niveles. San Pablo en la Carta a los Hebreos, nos dice: «conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad» (Heb 13,1). Esta actitud tan profundamente humana y familiar nos sitúa siempre ante el misterio del otro, del diferente. Porque desde el Dios hecho carne, los ojos de la fe permiten reconocer en el otro, en particular en los más necesitados, la imagen de Dios; pues «la fe, como decía Benedicto XVI, no mira a Jesús sino que mira desde el punto de vista de Jesús».

Permitidme que os haga llegar a todos y a cada uno mi felicitación navideña, animándoos de corazón a vivir una Navidad plenamente cristiana: con Jesús en el centro, con sencilla alegría, acordándoos de los que están solos, sin derroches, compartiendo lo que tenéis con los que no tienen nada, con gestos de acogida y amor fraterno, porque el Dios que es amor está con nosotros. Démosle gracias. Pidamos por todas las familias del mundo, especialmente por las que pasan por problemas y dificultades. Y que la alegría navideña nos lleve a trabajar desde la hospitalidad para que el mundo pueda vivir como una gran familia donde todos nos sintamos hermanos e hijos queridos de Dios Padre.. «El que era invisible en su naturaleza, se hace visible al adoptar la nuestra».

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