Primera semana del cofrade

Fidel Herráez Vegas (Arzobispo de Burgos)

gil hellin

Del 27 al 30 del mes que termina, se va a celebrar en nuestra Iglesia diocesana la 1ª semana del Cofrade, organizada por la Delegación de Religiosidad Popular y Cofradías. Por eso, en esta reflexión dominical, hoy quiero referirme, con toda valoración y afecto, a las Cofradías y a sus cofrades.


Ser cofrade, en su sentido literal es ser «co-hermano»; «hermano con otros» que forman, en su conjunto, las Cofradías que son congregaciones o hermandades de cristianos. En el ámbito cristiano surgen ya en el siglo IX, alcanzando su forma definitiva en el XIII y su mayor expansión a partir del XVI. Resulta agradable comprobar cómo en la mayoría de parroquias de nuestra diócesis existieron diversas, según se nos atestigua por el rico legado histórico y cultural que conservamos en el archivo diocesano y por las muestras artísticas (escultóricas, pictóricas, de imaginería u orfebrería) que costearon y que aún embellecen los templos. La mayoría de Cofradías se agrupan en torno a éstas: las dedicadas a la Virgen, que fueron patrocinadas por los dominicos; las de Semana Santa, por los franciscanos; las de ánimas, por los carmelitas; las del Santísimo, para resaltar la importancia de la Eucaristía y otras en torno a santos o devociones más populares y particulares.

Todas ellas han contribuido al florecimiento de la vida cristiana entre nosotros. Han aportado un importante caudal de vida espiritual, cultural y caritativa en la vida de nuestros pueblos. De tal manera que la historia de muchos de ellos no se puede hacer sin la referencia obligada a la labor que durante siglos han venido realizando nuestras Cofradías. Pero estas asociaciones realizan ahora sus tareas en una Iglesia que camina por un mundo que tiene poco que ver con la Edad Media o la Contrarreforma. La Iglesia ha celebrado y ha vivido el Concilio Vaticano II y ello ha contribuido a la renovación de estas asociaciones, que hoy constituyen un movimiento muy numeroso de seglares, con una misión evangelizadora importante en una sociedad cada vez más descristianizada.

Las Cofradías ofrecen, por supuesto, una dimensión cultural, social, festiva, floklórica, incluso, en algunas manifestaciones; pero sobre todo ello ha de prevalecer su genuino ser cristiano, que es el alma de estas asociaciones a las que sustentó siempre y sustenta la Iglesia Católica. Identidad religiosa que tiene una finalidad muy clara: el culto, la vida cristiana de sus miembros, la evangelización y el ejercicio de la caridad. Para Benedicto XVI «las Cofradías eran escuelas de vida cristiana y talleres de santidad». Para el Papa Francisco «en las Hermandades y Cofradías, que forman parte importante de la piedad popular, tiene la Iglesia un tesoro, porque son un espacio de encuentro con Jesucristo». Y es que las Cofradías tienen una misión específica e importante que es mantener viva la relación entre la fe y la cultura de los pueblos a través de la piedad popular.

En la propia Iglesia, a veces hemos podido cometer el error de pensar que estas expresiones de piedad popular eran menos adecuadas con la vivencia de una fe cristiana más culta y actualizada. Sin embargo, «la piedad popular, dice también el Papa, si se vive en la Iglesia y se deja guiar por ella, es una senda que lleva a lo esencial, es un verdadero pulmón de fe y de vida cristiana», porque llega a los más sencillos, porque cada cofrade, cada Cofradía transmite la fe en formas que perciben los sentidos, los sentimientos, la fiesta, los símbolos de las distintas culturas... Ciertamente en la piedad popular se percibe el modo en que la fe recibida se encarna en una cultura y se sigue transmitiendo. Hoy las Cofradías se han convertido, incluso, en puerta de entrada a la Iglesia para algunos jóvenes. Por tanto, ¡aprovechemos bien esa fuerza misionera!

Por ello, os invito, queridos cofrades, a renovar más y mejor el potencial religioso y evangelizador de vuestras Cofradías, a poner vino nuevo en odres nuevos, y a que aprovechéis vuestra pertenencia a la Cofradía para renovar y actualizar el sentido bautismal, eclesial, misionero y solidario. Termino ofreciéndoos las palabras del Papa a los cofrades en el encuentro del Año de la Fe: «Acudid siempre a Cristo, fuente inagotable, reforzad vuestra fe, cuidando la formación espiritual, la oración personal y comunitaria, la liturgia... A lo largo de los siglos, las Hermandades y Cofradías han sido fragua de santidad de muchos que han vivido con sencillez una relación intensa con el Señor». Así os lo deseo de corazón. Para Benedicto XVI las cofradías eran escuelas de vida cristiana y talleres de santidad.

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