Un nuevo curso, un tiempo que Dios nos regala

Fidel Herráez Vegas (Arzobispo de Burgos)

gil hellin

A lo largo de esta semana, los más pequeños de nuestra casa han comenzado ya el curso escolar. Los hemos visto, en medio del lógico esfuerzo, con la ilusión del que estrena algo nuevo, con las ganas de crecer y encontrarse con sus compañeros en una nueva aventura de la vida que les abre a la novedad y a la sorpresa. Con ayuda de sus profesores y de su familia, se inicia para ellos una oportunidad de crecimiento, no solo en los saberes de la inteligencia, sino en todas las diversas dimensiones que configuran a la persona. En estos próximos días harán lo mismo los más mayores de la casa y los que cursan estudios universitarios. A todos quiero animarles a ir descubriendo la auténtica sabiduría, que es la que nos hace, más allá de los estudios, saborear y vivir con autenticidad la vida de cada día. Igualmente, a cuantos trabajan en el campo de la educación prestando este inestimable servicio, les aliento y respaldo en su no fácil tarea para que, dando lo mejor de sí mismos, ayuden a avanzar a nuestra sociedad por caminos constructivos de auténtica solidaridad y fraternidad.

Lo que sucede en el ámbito social, también acontece en nuestra Iglesia diocesana. Pasadas ya las últimas fiestas, es tiempo de regresar al ritmo de cada día. Nos disponemos a iniciar un nuevo curso pastoral, un nuevo periodo de la vida y actividad de la Iglesia en las comunidades y miembros que la forman. A nivel diocesano lo comenzaremos el próximo viernes día 28 con una jornada que yo mismo presidiré, a la que os invito y os convoco. También nuestras parroquias, comunidades y ámbitos diocesanos inician ahora sus diversas convocatorias para aprovechar la oportunidad que Dios nos da como un auténtico “kairós”. En efecto, los griegos utilizaban para referirse al paso del tiempo dos conceptos bien distintos: «cronos» y «kairós». Por una parte, empleaban el término “cronos” para indicar el paso sucesivo y ordenado de los días y las horas, como algo que se sucede en línea de continuidad. Sin embargo, utilizaban el término “kairós” para referirse a la calidad del tiempo, que corresponde a la vivencia personal que cada uno hace del mismo. En ese sentido, para los cristianos el tiempo es siempre un verdadero “kairós”, una auténtica gracia y regalo: nuestro tiempo es el tiempo de Dios, la ocasión que Dios te brinda para encontrarte con Él y servirle en los hermanos...

Así hemos de entender este nuevo curso pastoral que ahora iniciamos, como un “kairós” de Dios, como un don divino; concebirlo así transforma la vivencia de cada momento y lo convierte en un regalo y en un compromiso. Ello nos lleva a plantearnos qué podemos y debemos hacer para que este año se convierta en una oportunidad para cada uno de nosotros, en orden a crecer y a mejorar en nuestra vida cristiana. Como os he comentado en mis últimos mensajes, nos encontramos en un momento importante en nuestra Iglesia Diocesana que juntos tenemos que reemprender con la ayuda de Dios. En ese sentido, os animo a que este nuevo curso nos pueda ayudar a todos a hacer realidad el lema que titula nuestro proyecto pastoral: “Discípulos Misioneros”.
Ser discípulos es redescubrir la grandeza del seguimiento de Jesús en el seno de nuestra Iglesia. Habrá multitud de instrumentos que nos pueden ayudar a profundizar en esa tarea. Permitidme que insista en la urgente formación que todos necesitamos si queremos afrontar adecuadamente los retos que se nos presentan en la Iglesia y en la sociedad de hoy. Desde nuestra Facultad de Teología se nos propone un interesante itinerario de formación que os animo a conocer y participar. También las diferentes parroquias y movimientos nos ofrecerán otros medios para descubrir la alegría de nuestra fe que está llamada a generar vida a nuestro alrededor.

Ser misioneros es sentir la urgencia de comunicar nuestra experiencia de Jesús en medio de nuestro mundo cada vez más increyente. La viña del Señor, a la que nos llama a trabajar, es tan grande que sigue necesitando de muchos brazos, de muchos cristianos que asuman su vocación bautismal y construyan una Iglesia viva y participativa. Porque el fin de la Iglesia no acaba en sí misma, sino que se proyecta hacia nuestro mundo en la construcción del Reino. Por ello, no puedo por menos de agradecer a todos los que, desde el compromiso bautismal y con mucha generosidad, haréis posible un año más tantos servicios eclesiales en el campo de la catequesis, la liturgia, la caridad, el compromiso, la educación...

Con el inicio del nuevo curso se conjuga bien la palabra «renovación»; es necesario renovarnos y abrirnos con imaginación en las siempre difíciles tareas de la evangelización. Como os decía en mi carta pastoral, una de las dificultades a superar es la de la rutina, el cansancio y la costumbre. Nuestras parroquias y comunidades han de estar siempre vivas y abiertas al soplo del Espíritu, «Señor y dador de Vida», que ayuda a recrear y superar toda dificultad. También a nivel personal el Espíritu nos quiere llevar por nuevos caminos y sendas de vida y compromiso para ser mejores seguidores de Jesús y de su Evangelio. En ese empeño, ¿podrá contar con todos nosotros?; ¿podrá contar contigo?

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