Día del misionero burgalés: «Ellos nos invitan a salir»

Fidel Herráez Vegas (Arzobispo de Burgos)

gil hellin

Un año más (y ya van treinta), aunque mi incorporación a esta cita misionera sea mucho más reciente, nos reuniremos hoy en la histórica villa de Sasamón para celebrar el Día del Misionero Burgalés. Para nuestra diócesis es un motivo de gozo y de alegría poder encontrarnos con los familiares de los 730 misioneros que, habiendo nacido en nuestra tierra, anuncian la Buena Nueva del Evangelio en más de sesenta países. También estarán presentes un grupo de misioneros y misioneras que están estos días en Burgos, disfrutando de sus merecidas vacaciones. En ellos podremos saludar a todos los que comparten la misma vocación misionera que, de modos diversos, es también vocación nuestra.

‘Ellos nos invitan a salir’ es el lema elegido para la Jornada de hoy. Tal como nos dice el Papa Francisco en Evangeli gaudium, «El Señor Resucitado envía a los suyos a anunciar el Evangelio en todo tiempo y en todas partes, de manera que la fe en Él se difunda en cada rincón de la tierra» (EG, 19). Cada cristiano y cada diócesis deben responder a este envío como Iglesia en salida misionera; porque esta es la responsabilidad y vocación de todo discípulo de Jesús. Pero a veces lo olvidamos, nos resignamos o vivimos la fe cómoda, fácil y rutinariamente. Por eso, una celebración como la de hoy nos debe ayudar a descubrir permanentemente las fuentes de la auténtica espiritualidad cristiana y eclesial, que implica siempre un dinamismo misionero.

Como nos recuerda también el Papa Francisco en el mensaje para el Domund de este año, «la misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio». Nuestros misioneros, que lo han entregado todo, nos invitan también a nosotros «a salir», es decir, a estar siempre dispuestos a ofrecer el testimonio del Evangelio y de la vida cristiana en la sociedad en que vivimos, en nuestro entorno habitual, pero siempre con la mirada puesta en la evangelización del mundo entero.

Nuestra Iglesia diocesana, como muchas veces ya os he comentado, es rica en carismas y vocaciones. Es un acto profundamente eclesial recordar, mencionar y celebrar esas vidas entregadas y consagradas a un gran ideal: el que procede del amor de Dios manifestado en Jesucristo y que se hace fecundo por la acción del Espíritu. Hace pocos domingos, con ocasión de la fiesta de la Santísima Trinidad, recordábamos de un modo especial a los hombres y las mujeres que en el seno de un monasterio, en el retiro y la soledad, están consagrados a la contemplación, a testimoniar el amor fecundo de Dios y a alabar su misericordia.

Hoy recordamos a quienes, como misioneros, salen al encuentro de los hermanos en lugares de misión, con una vida activa que siempre los desborda. También ellos lo hacen como gesto de alabanza al mismo Dios, como testigos del mismo amor y en nombre de la misma Iglesia.

Como pastor y servidor de esta Iglesia diocesana, que siempre se ha distinguido por su espíritu misionero, desde hace varias semanas he animado a participar en este encuentro. Esta invitación iba dirigida a los familiares de nuestros misioneros y también a todos los fieles y habitantes de Sasamón y pueblos aledaños. Se trata de vivir juntos este día como homenaje a los hijos de nuestra tierra burgalesa que son testigos de la Buena Nueva del Reino en el mundo, como entrañable gratitud a sus familias y como estímulo y llamada a nuevas vocaciones misioneras.

Asimismo debo agradecer desde aquí la ilusión y el esfuerzo que tantas personas e instituciones han puesto para que esta Jornada sea una celebración festiva y gozosa, tanto desde el punto de vista espiritual como desde el punto de vista lúdico. Encuentros como este dan consistencia a nuestra convivencia social y alientan nuestro gozo de ser Iglesia.

Que la Virgen, bajo la advocación de Santa María la Real, «nos ayude, como dice el Papa en el Mensaje del Domund, a decir nuestro sí en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo; que nos obtenga un nuevo celo de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte; que interceda por nosotros para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la salvación».

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