Evangelio del Domingo, 10 de diciembre de 2017

Sociedad ‘líquida’, sociedad de la ‘posverdad’, sociedad ‘relativista’. Así se define a la sociedad actual. Aunque no coinciden del todo, las tres destruyen la verdad. ‘Líquido’, en efecto, es lo no consistente, lo que se escapa de las manos. ‘Posverdad’ es lo mismo que mentira. Y ‘relativismo’ equivale a que nada es ‘verdad ni mentira’. Si a eso añadimos que hoy nos preciamos de pervertir el significado del lenguaje, llamando, por ejemplo, ‘interrupción del embarazo’ a lo que es, en realidad, un aborto, no puede extrañarnos que se haya borrado del lenguaje y de la vida una de las palabras más importantes de la convivencia humana a nivel personal y social. Es la palabra ‘pecado’. Basta eliminarla, para destruir toda la historia de la salvación, cuya síntesis no es otra que la fidelidad de Dios a su Alianza y la infidelidad del hombre a ese pacto de amor mutuo.

Sin pecado carece de sentido la mera hipótesis de redención, de salvación, de conversión. La Navidad, que es la celebración del comienzo de nuestra salvación, o la Pascua, que es la cumbre de esa salvación, no son pensables y, en el mejor de los casos, son realidades sin contenido. Estamos, pues, ante algo trascendental, frente a lo que no podemos cruzarnos de brazos si no queremos que nos lleve por delante a nosotros y a lo que nosotros hagamos u omitamos.

Pensemos, por ejemplo, que ‘pecado’ son esos programas donde se despelleja materialmente al que fue real o supuesta pareja, esas tertulias en las que se calumnia sin rubor, las blasfemias que se dicen en presencia de niños, las falsedades que se enseñan desde las cátedras sobre el matrimonio, el sexo o la vida, las actuaciones públicas en las que se malgasta el dinero de todos, las zancadillas que se ponen al que trabaja más y mejor que yo. El evangelio de este domingo nos da la clave para saber cómo actuar: ‘Juan predicaba que se convirtiesen para que se les perdonasen los pecados’. La gente fue dócil: ‘Confesaba sus pecados y él los bautizaba en el Jordán’. Si queremos –y pienso que queremospreparar la Navidad, éste es el camino. Si no hay cambio de vida, todo será hojarasca.

 

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,1-8):

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías:

«Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."»

Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.

Y proclamaba:

«Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

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