Evangelio del Domingo, 5 de noviembre de 2017

El evangelio de este domingo es una rotunda descalificación de los escribas y fariseos. Jesús aduce contra ellos estos cargos: “Dicen una cosa y hacen otra”, “cargan pesos pesados sobre las espaldas de los demás y ellos no mueven un dedo”, “todo lo hacen para que les vea la gente”, “les gustan ser los primeros en las sinagogas y en los banquetes”. No son fruslerías. Son cosas muy fuertes, sobre todo si se tiene en cuenta que los escribas y fariseos eran los maestros espirituales que enseñaban al pueblo en nombre de Dios. Tenían autoridad legítima para enseñar. Por eso Jesús no desautoriza su doctrina sino su conducta. Enseñaban “la Ley de Moisés”, es decir, la Palabra que Dios había revelado en el Antiguo Testamento, pero en lugar de ser los primeros en practicarla eran los primeros en violarla.

No es de extrañar que Jesús ponga en guardia a sus oyentes y les conmine: “Haced lo que dicen, pero no hagáis lo que ellos hacen”. En él las cosas sucedían de modo completamente distinto. Enseñaba la Palabra de Dios, pero antes de predicarla, la practicaba. En vez de cargar obligaciones a los demás, se las quitaba o aliviaba. Lejos de hacer ostentación de su categoría de Dios, se despojó de su rango y se presentaba como uno más. Aunque podía reclamar servicios a los demás, prefirió ser servidor de todos. Su abajamiento llegó al grado de lavar los pies a sus discípulos y dejarse enclavar en una cruz, haciéndose blanco de todo tipo de burlas y desprecios.

Este es el ejemplo que nosotros debemos imitar. Sin embargo, hemos de reconocer que, no pocas veces, los que estamos dotados de autoridad: padres, profesores, políticos, sacerdotes, etc. decimos una cosa y hacemos otra, y en lugar de servir a los demás, pretendemos que sean los demás quienes nos sirvan a nosotros. De todos modos, si malo es que digamos una cosa verdadera y buena y hagamos otra, todavía es peor que incluso sea mala la doctrina que proponemos. En ese supuesto, la recriminación de Jesús sería aún más radical: “No hagáis caso de lo que dicen ni de lo que hacen”. ¿Cabe mayor descalificación para quien debe orientar al pueblo? .

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,1-12):

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo:

«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

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