Evangelio del Domingo, 22 de octubre de 2017

Con la historia de la Iglesia en la mano no puedo negar que han existido obispos y curas que han actuado como políticos de partido. El daño que han hecho a la Iglesia ha sido grande, porque han dividido al rebaño cuya unión debían fortificar y han escandalizado a los más pequeños en la fe. Ahora bien, con la misma historia en la otra mano tampoco puedo negar que han existido muchos más políticos que se han creído obispos y curas. Piénsese, por ejemplo, en el triste periodo de las investiduras y feudalismo. El mal que han hecho ha sido todavía mayor. Afortunadamente una y otra especie están, sino en vías de extinción, al menos en una edad que no es la de oro. Si hubieran leído bien el evangelio de este domingo, habrían evitado tantos desaguisados. Porque en él encontramos la respuesta que esclarece qué corresponde a un obispo/sacerdote y qué a un político.

Jesús la dio cuando un grupo de fariseos le planteó la cuestión de si había que pagar o no el impuesto al César. Era una pregunta muy comprometida, fuese cual fuese la respuesta. Si decía "sí", se enemistaría con el pueblo, que odiaba al poder romano, al que tenía que pagar los impuestos, como pueblo sometido que era. Si decía "no" se enfrentaba con el poder de Roma. Los fariseos lo sabían muy bien. Y se la formularon no para saber las cosas sino para"cazar" a Jesús. No lo lograron. Porque Jesús dio una respuesta a la altura de lo que era: "Dad al César, lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".

El Estado tiene un ámbito y la Iglesia tiene otro. El Estado tiene una finalidad y la Iglesia tiene otra. Es imprescindible que cada parte respete su ámbito y finalidad. El problema suele plantearse hoy cuando el Estado atropella el bien común y dicta leyes injustas contra la libertad, la vida, el matrimonio, la familia, la propiedad, etc. ¿Se meten los curas y los obispos en política si se pronuncian en contra y enseñan a sus fieles la doctrina del Evangelio? De ninguna manera. Porque, en esos supuestos, el Estado ha perdido su legitimidad.

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,15-21):

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:

«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?»

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.»

Le presentaron un denario. Él les preguntó:

«¿De quién son esta cara y esta inscripción?»

Le respondieron:

«Del César.»

Entonces les replicó:

«Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

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