Evangelio del Domingo, 8 de octubre de 2017

También el evangelio de hoy nos habla con una parábola. Un labrador tenía una viña, la cuidó con mimo, la dotó so­breabundantemente y se la arrendó a unos labradores. Llegada la época de la vendimia envió a unos criados a recoger la renta. Pero los labradores reaccionaron tal mal, que a unos los pegaron, a otros los despreciaron y a otros les mataron. El dueño, en lugar que quitarles la viña, de­jó que la cultivaran y al cabo del tiempo mandó otros criados a recoger lo que le correspondía. Pero los labradores volvie­ron a reaccionar con la misma violencia. El dueño siguió teniendo paciencia y les dejó la viña para explotarla. Al cabo de un tiempo, envió a recoger lo que le co­rrespondía, pero en lugar de enviar cria­dos envió a su propio hijo, pensando que le respetarían y le darían la renta. Pero volvieron a reaccionar con la misma vio­lencia y le mataron. Entonces el dueño les quitó la viña y se la arrendó a otros la­bradores.

La clave de lectura de esta pa­rábola la encontramos en un pasaje del Antiguo Testamento que leemos este do­mingo: 'La viña es la casa de Israel'. Dios lo eligió como Pueblo suyo y lo mimó. Pe­ro Israel, en lugar de dar frutos de buenas obras, violó una y otra vez la Alianza, se entregó a la idolatría y cometió pecado tras pecado. Dios tuvo paciencia y le en­vió hombres buenos y profetas para que cambiara de conducta. Pero Israel reac­cionó como los viñadores, hasta el punto de dar muerte a su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Dios reaccionó como lo había hecho el dueño de la viña: escogió un nuevo Pueblo. Ese Pueblo es la Iglesia. En sus veinte siglos de historia ha dado fru­tos sabrosos y abundantes.

Son los san­tos, los mártires y tantas personas bue­nas. Pero la Iglesia es también una comu­nidad de gente pecadora, de gente que produce malos frutos. Nosotros somos miembros de este nuevo Pueblo, de la Iglesia. ¿Qué frutos estamos dando? ¿Nuestra vida es como Dios quiere? ¿Nos consideramos administradores o dueños de la viña de nuestra vida? Todavía esta­mos a tiempo de cambiar y de dar otra orientación a nuestra vida.

 

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,33-43):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

Le contestaron:

«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?" Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

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