Evangelio del Domingo, 28 de mayo de 2017

El evangelio de hoy, día de la Ascensión, es extremadamente corto. “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Y sabed que yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo”.

Son cuatro mandatos a cual más exigentes: Id, haced discípulos, bautizad, enseñad. “Id” ¿A dónde? “Al mundo entero”. Pero no pensemos que nos manda ir a China, Nigeria o Guatemala. Ahí tienen que ir los que viven allí. También algunos de nosotros. Pero para la mayoría, nuestro “id” se concreta en algo tan próximo y cercano como la propia familia, el lugar donde trabajamos, el espacio y las personas con quienes nos divertimos, el sindicato y partido político en que militamos

¡Nada de apoltronarse en la cómoda butaca del egoísmo individualista! Los cristianos nos hemos vuelto muy cómodos y muy miedosos y hemos desertado de algo que es tan necesario como respirar: hacer apostolado. Mejor, ser apóstoles. “Haced discípulos míos”. Esta es la gran cuestión y la gran tarea. No se trata de pedir la Primera Comunión o ir a Misa los domingos. Evidentemente, eso hay que hacerlo. Pero hacerse discípulo de Jesús es, ante todo, acoger su mensaje salvador, dejar que su Persona y mensaje moldeen nuestros modos de pensar y valorar a las personas, las cosas y los acontecimientos, afrontar la vida y la muerte como él, tener las preferencias que él tenía y, en particular, convivir con todos, acoger a todos, disculpar a todos, perdonar a todos y amar a todos, especialmente a los más necesitados del alma y del cuerpo. “Bautizad”.

Después de aceptarle por la fe y decidirse a ser discípulos suyos, es preciso recibir el Bautismo. Porque sólo así se renace a la vida de los hijos de Dios. Finalmente, “enseñadles a guardar lo que yo os he enseñado” y os enseña la Iglesia. Tarea imposible para nuestras fuerzas. Pero tarea realizable con su gracia y su ayuda. No nos faltará, porque ha prometido estar con nosotros “todos los días, hasta el fin del mundo”. ¿Puede haber tarea más consoladora y más apasionante?

 

Conclusión del santo evangelio según san Mateo (28,16-20):

EN aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

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